Xcacel-Xcacelito, el último crimen de la delincuencia política y ambiental

Xcacel-Xcacelito, el último crimen de la delincuencia política y ambiental

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Signos

Sobre el argumento demagogo de la creación de empleos turísticos, las autoridades políticas y ambientales acaban con las áreas protegidas que quedan y deberían preservar, y fomentan una inmigración miserable que, al cabo, satura los entornos urbanos y se convierte en una ruina irremediable de contaminación, caos urbano, violencia y descomposición ambiental y humana.

Las corrompidas autoridades políticas, turísticas y ambientales de todos los niveles republicanos -federales, estatales y municipales- no están para cuidar los equilibrios necesarios -y ya muy precarios- en los espacios bióticos más en peligro del planeta, como los del Caribe mexicano y la península yucateca, y a pesar de las advertencias científicas que señalan que a Cancún le quedan fuentes y recursos de subsistencia vitales solo para quince años más, y a la Riviera Maya apenas otros diez.

La absoluta disfuncionalidad normativa e institucional que permite todo tipo de atropellos oficiales, es la culpable definitiva de que los funcionarios gubernamentales corrompidos y rapaces destruyan los entornos -falsamente- protegidos de las inmediaciones de Tulum, Holbox, Cancún, Isla Mujeres, Puerto Morelos y Playa del Carmen, a cambio del facilismo y el libertinaje de lucrar, en asociaciones criminales, con inversores mercenarios que no tienen cabida en territorios gobernados y regulados dentro de la civilidad y la legitimidad democrática; dentro de la gobernabilidad sustentable y constitucional, respetuosa del Estado de Derecho y con fines de interés público y bienestar social.

En México, y sobre todo en Quintana Roo, con la coartada del crecimiento económico se defiende, con entero cinismo y sin escrúpulo alguno, el discurso del desarrollo, ante la evidencia absoluta de que ese crecimiento, sobre capitales y autoridades voraces, significa saturación inmobiliaria e indigente, empleos míseros, capitalizaciones inversoras prohibitivas, ruina urbana y ecológica, colonización precarista irregular, vicio e inseguridad incontrolables, y patologías incontables y de todo tipo, que sólo acortan el tiempo de la inviabilidad y el futuro turístico, económico y social del Caribe mexicano.

El Parque Nacional de Tulum está agotado por toda suerte de invasiones y autorizaciones inmobiliarias delictivas. La zona continental de Isla Mujeres es un territorio sin ley donde la marginalidad y la destrucción del ámbito natural crece al galopante ritmo de las empresas turísticas más perniciosas del mundo. Cancún, Puerto Morelos y Playa del Carmen son cenagales de droga y muerte a merced de las bandas homicidas del crimen organizado y sin Gobierno alguno que ataje la colosal tragedia.

No hay Gobierno. No hay ley que sirva. No hay poder capaz de impedir la catástrofe. El caos y la corrupción son un destino inexorable capaz de arrasar con todo en el corto plazo. No hay soluciones contingentes mínimas a la vista; de las estructurales mejor ni hablar, sería un despropósito.

¿Y los partidos y los candidatos en campaña?… No señor: salvo alguna excepción que no hace sino confirmar la regla, todos son de la misma especie criminal de los que ya se roban o destruyen los patrimonios públicos –o se los han robado y los han destruido, mediante ‘programas de desarrollo’ deliberadamente fallidos, permisos tramposos convenientemente negociados, concesiones amañadas con legisladores y regidores, y sociedades de inversión y compraventa de terrenos a través de prestanombres- instalados en el poder político y legitimados por las muy democráticas y ciudadanizadas instituciones electorales, de transparencia y de combate a la corrupción, a las cuales se destinan tantos miles y miles de millones de pesos, legales e ilegales –cada año y cada vez que hay comicios- del presupuesto nacional. Una democracia, esta mexicana, turbia y dispendiosa, que no hace otra cosa que obrar –en todos los sentidos, principalmente en el más escatológico de todos- en contra del interés público y el bienestar social

Xcacel-Xcacelito, ahora, es el capítulo que toca, dentro de las iniciativas turísticas más enfermizas y con destino terminal que se han posado por décadas y han convertido en un infierno de contaminación, hacinamiento, envilecimiento humano,pobreza y sangre, el que era el más prometedor de los paraísos naturales para el aprovechamiento económico y social, de México.

SM

estosdias@gmail.com

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