Las verdades militantes, sus bandos y la guerra por el país, veinte años después…

Signos

El ‘Jefe Diego’ ha vuelto a la carga como vocero de los grupos perdedores más importantes de la oligarquía privatizadora y acusados de mafiosos, los que fueron echados del mandato presidencial hace tres años.

En la otra esquina de la guerra mediática y de opinión pública, ha sido recibido, a golpes de ‘mañaneras’ y masivos foros subsidiarios, por el contrincante más popular y poderoso que han tenido esos grupos (que expropiaron gran parte de la riqueza pública de México y la concentraron en sus manos), los que no pierden la esperanza de recuperar el control del Estado nacional para sí mismos, y con el mismo candidato que fue acusado por el régimen priista anterior, en una eventual querella de intereses cupulares, de delincuente inmobiliario y de enriquecimiento ilícito, y al cual decidió exonerar de dichos cargos criminales en el último momento de su gestión y tras un acuerdo entre el grupo presidencial de Enrique Peña Nieto -que postulaba a su propio candidato, Antonio Meade, para continuar la representación particular de sus negocios de poder, lo que ocasionó la fractura cupular- y el del expresidente Carlos Salinas y de Fernández de Cevallos -este último, vocero y representante legal del candidato del grupo salinista- que impulsaba al panista Ricardo Anaya, ahora en anticipada campaña (lo que siempre acusó de ilícito en el actual mandatario) para derrotar, en los próximos comicios, a quien herede la candidatura del adversario que lo humilló en los del 2018.

La campaña proselitista del queretano parece imitar la estrategia itinerante y permanente de su enemigo presidencial, aunque, a diferencia de este, con un financiamiento que suma el de los personajes y sectores más ricos de México y que lidera el expresidente Salinas.

Dos retos fundamentales parece tener por delante: la codicia que fragmenta los intereses enemigos de López Obrador y al núcleo de los potenciales liderazgos que aspiran a suplantarlo en el supremo poder del Estado, y la inocultable estela de saqueo contra el país y la mala fama que los desacredita, y que merma, por tanto, las posibilidades de convencimiento ciudadano de su candidatura.

¿Su condición favorable?: los rastros, también inocultables, de pésimas gestiones, y los multitudinarios perfiles militantes que postulan el partido presidencial y sus aliados para los cargos de elección popular, los que son tan iguales y con tanto desprestigio como sus adversarios, sin más mérito que el de asumirse como militantes del Movimiento de Regeneración Nacional y sus socios partidistas, y compartir, por tanto, en la idea equívoca de muchos electores, las cualidades que hacen tan creíble y tan aceptable al líder máximo del Morena y del país.

SM

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