Las viejas prácticas de la delincuencia política priista regresan a todos los partidos en la hora de la mayor y más pervertida democracia mexicana donde la institucionalidad electoral hace su parte

Este domingo 4 de abril iniciaría otra temporada de campañas políticas en la entidad, en las que se disputarán los 11 Ayuntamientos y las cuatro diputaciones federales. Y como desde hace unos años la suma de sufragios no asegura las victorias y los negocios de poder a los que aspiran los partidos por cuenta propia, entonces forman coaliciones con algunos de sus iguales de siglas distintas –sin menoscabo de la inexistente convicción doctrinaria que su demagogia constitutiva diga profesar en medio de la pulverización de intereses llamada ‘pluralidad ideológica’- con los que hay más afinidad para repartirse el botín de lo que caiga, sea que terminen siendo mayorías o minorías, donde los partidos más grandes le ceden a los más chicos las sobras de las posiciones de ‘representación popular’ que con ellos pudieron conquistar. Y aunque si bien el partido del Movimiento de Regeneración Nacional aún cuenta con el respaldo de amplias mayorías (que en buena medida siguen asociando las inmaculadas virtudes que identifican en el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, con dicho partido fundado por él, por más que su actual dirigencia, controlada por el canciller Marcelo Ebrard, esté más distanciada que nunca de los postulados fundacionales del Morena y más dedicada a los afanes sucesorios anticipados de Ebrard, uno de los creadores fundamentales -desde el PRI, en los noventa- del Partido Verde, cuando trabajaba para Manuel Camacho y, este, para el entonces presidente Carlos Salinas, padre del neoliberalismo privatizador de México; un Partido Verde que nació para combatir a la creciente izquierda cardenista y expriista de entonces y hoy día se suma a la izquierda lópezobradorista nacida de aquella), aún así, el descontento de muchos con las prácticas clientelares y traicioneras de la cúpula nacional morenista contra los fundamentos democráticos del partido y en favor de los negocios y los amigos de la causa sucesoria del canciller, ha crecido al grado de poner en un predicamento el futuro partidista mismo y los principios de la llamada ‘cuarta transformación’, como no podía ser de otra manera, y como con tanta claridad se advierte en Quintana Roo, donde verdaderos delincuentes, cuando más, y personajes oscuros y mediocres, cuando menos, son lanzados a la contienda con el mismo autoritarismo arbitrario con que Salinas y Camacho controlaban el priismo y el verdeecologismo de su tiempo. Y, por supuesto, en los partidos del llamado PRIANRD toman puntual nota de esa embestida mercenaria interna y de la debacle moral del morenismo (acaso similar a la ocurrida en las vísperas de cuando el priismo se quedó sin su entonces llamada ‘ala izquierda’ porque los neoliberales botaron del partido a los herederos del discurso de la Revolución, entre ellos Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo y Andrés Manuel López Obrador, el segundo de los cuales fue derrotado en las elecciones internas pasadas del Morena por la facción de Ebrard, hoy día promotor, en favor de sí mismo, del poder del Verde, dentro de la alianza con el partido presidencial, lo que a la postre podría terminar de implosionarlo y reventarlo para girar a la derecha, como el PRI del salinismo, y corromperlo hasta sus últimas consecuencias), y buscarán aprovecharse de las debilidades del enemigo para quedarse con algunos de sus espacios de ‘representación’. En realidad, hoy día, los dos bandos tienen más en común de lo que pudiera pensarse: eligieron como candidatos para los Ayuntamientos y las diputaciones federales, por ejemplo, a figuras más ligadas al saqueo de dependencias y Ayuntamientos, que al activismo de rentabilidad social. El nepotismo, el influyentismo y los negocios, incluso gangsteriles y que involucran la amenaza contra otros aspirantes, están dominando el escenario electoral, como en los tiempos de las mafias totalitarias del tricolor.

Javier Ramírez

Debido a la degradación democrática y partidista en general, una vez más las boletas electorales del próximo 6 de junio tendrán los nombres de personajes representativos de la delincuencia política organizada, como los de los candidatos a diputados federales Laura Fernández, Carlos Villanueva Tenorio, o Juan Carrillo Soberanis, quienes en los últimos años han brillado ya sea por su corrupción, o por su incapacidad para gobernar o dirigir las instituciones públicas por las que han pasado, o por todo junto.

No hay un solo organismo político que se salve de tan perverso reciclaje, ni parece que eso vaya a ser algo que cambie en el futuro próximo, pues la realidad es que en Quintana Roo los hilos de la política son manejados apenas por un puñado de sujetos, sin importar si son tricolores, morenos, verdes, azules o amarillos.

Apuesta el Morena por la corrupción

En Quintana Roo, la coalición denominada “Juntos haremos historia por Quintana Roo” está conformada por el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), el Partido Verde Ecologista de México (PVEM), el Partido del Trabajo (PT) y el Movimiento Auténtico Social (MAS).

Sin embargo, para el tema de las candidaturas federales, sólo dos de ellos tienen oportunidad de presentar aspirantes.

Por parte del Morena, están Alma Anahí González Hernández, por el Distrito II, y Wilbert Alberto Batún Chulim, por el III. Mientras que el PVEM postuló a Laura Fernández Piña para el Distrito IV, y a Juan Luis Carrillo Soberanis en el I. 

Al Morena no le interesó la demanda de sus bases en la zona sur y designó sin rubores a su dirigente estatal González Hernández para el distrito con sede en Chetumal, a pesar de que la candidata elegida es residente de Cancún, por lo que desconoce la realidad regional que representaría de ganar los comicios, lo que ha causado el enojo de militantes y aliados del Morena, entre quienes se entiende que, si bien la imagen del presidente Andrés Manuel pesa mucho a la hora de las urnas, podría darse un voto de castigo como consecuencia de haber ignorado a las bases de su propio partido y las de sus aliados.

Además, los morenistas están inconformes por haber entregado candidaturas importantes a sus aliados en el PVEM, sobre todo a gente como Laura Fernández Piña, actual alcaldesa de Puerto Morelos, quien en los últimos seis años ha encabezado el saqueo de uno de los Municipios más ricos del Estado, permitiendo la sobredensificación inmobiliaria, vendiendo terrenos a los mejores postores y continuando con la tradición de especular con el suelo, que ha destruido en buena medida la sustentabilidad urbana y ambiental del Estado.

Mismo caso de oportunismo político es el de Juan Carrillo, quien alcanzó en 2018 la Presidencia Municipal de Isla Mujeres con las siglas del PRI, pero que recientemente renunció a ese partido para sumarse al Verde con el fin de hacerse diputado federal con esa franquicia líder en la industria del oportunismo y fecundada por el ahora canciller Marcelo Ebrard en sus tiempos de personero de Manuel Camacho, que a su vez lo era del entonces presidente Carlos Salinas. Como alcalde, la gestión de Carrillo no sólo fue mediocre sino también turbia, puesto que aún no explica el destino de casi 23 millones de pesos que su gobierno solicitó mediante dos créditos en 2019.

Batún Chulim, por su parte, ha tenido un invisible trabajo legislativo –en una también costosa e improductiva Legislatura-, y sólo destacó recientemente porque, a pesar de que durante semanas se mostró aliado de las agrupaciones que buscaban legalizar el aborto en la entidad, a la hora final simplemente se abstuvo de votar. Es decir que cuando tuvo la única ocasión de ser visto, se vio muy mal.

Alianza PAN-PRI, más empresarial que política

La otra alianza fuerte, la conformada por los partidos Acción Nacional (PAN), Revolucionario Institucional (PRI), De la Revolución Democrática (PRD) y Confianza por Quintana Roo, denominada “Va por Quintana Roo”, si bien dio espacios a prácticamente todos sus integrantes, tampoco está exenta de polémica.

El PAN postuló a Estefanía Mercado Asencio para el Primer Distrito, el PRI a José Alberto Alonso Ovando para el Dos, y el PRD a Eloy Peniche Ruiz y María del Carmen Joaquín Hernández para el Tres y el Cuatro.

Se trata de un grupo de candidatos muy ligado a las cámaras empresariales, puesto que Mercado Asencio fue fundadora de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) de la Riviera Maya, Peniche Ruiz presidió la Coparmex de Cancún y el Consejo Coordinador Empresarial del Caribe, y Joaquín Hernández, prima del gobernador Carlos Joaquín González, dirigió la Coparmex de Cozumel.

Pero el candidato más cuestionado de los representantes que dicha coalición puede tener es el del Distrito II, Alonso Ovando, exsecretario general del PRI en Quintana Roo que, aunque no fue procesado, estuvo bajo investigación del actual mandato estatal por presuntas irregularidades en la operación de las finanzas de la Comisión de Agua Potable y Alcantarillado y de la Secretaría de Educación y Cultura, que habrían sido ordenadas por el entonces gobernador Roberto Borge Angulo cuando el hoy candidato a legislador federal las dirigía.

Las denuncias interpuestas por la Auditoría Superior del Estado y organizaciones de transparencia señalaron desfalcos en ambas dependencias, que al final terminaron por llevar ante la Justicia a su sucesora en la CAPA, Paula González Cetina, acusada de peculado por más de mil 55 millones de pesos, aunque al final fue absuelta por un juez, apenas el año pasado. Alonso Ovando, empero, salió intacto de los negocios manejados por su antiguo jefe, hoy encerrado en un penal del Estado de Morelos.

Semanas antes, por otra parte, se anunció que la candidata al IV Distrito sería Niza Puerto Paredes. Sin embargo, días antes de la fecha límite de inscripción ante las autoridades electorales, renunció, denunciando que había recibido presiones del PRD. Previamente se había corrido el rumor de que su candidatura sería entregada a alguien afín al grupo del actual mandatario estatal, lo que se confirmó días después.

Villanueva Tenorio, el colmo

Fuerza por México entró al escenario político estatal apenas en enero pasado, cuando en un acto celebrado en un exclusivo restaurante de Cancún presentó a su dirigencia local, liderada por Mauricio Espinosa Alemán, y en el que estaría participando gente como el exsecretario de Gobierno y exalcalde de Solidaridad, Gabriel Mendicuti Loría.

Espinosa Alemán, quien dijo que buscan un balance entre militancia política y empresarial, inscribió a los candidatos para las diputaciones federales: Alondra Adame, por el Distrito I; Carlos Mario Villanueva Tenorio, por el II; Obett Montiel, por el III, y José Gabriel Gutiérrez, por el IV.

Sobresale sin duda el nombre de Villanueva Tenorio, el peor alcalde que el Municipio de Othón P. Blanco ha tenido en lo que al saqueo de las arcas públicas y al endeudamiento municipal se refiere. Viviendo eternamente de su apellido, ha brincado de partido en partido viviendo a sus anchas de la impunidad y el oportunismo; y aunque podrían no faltarle seguidores –ese tipo de incautos y convenencieros que nunca faltan-, no son suficientes para asegurarle la victoria. Eso sí, seguramente buscará tejer alguna alianza con quien gane.

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