OPB, un Ayuntamiento colapsado por la corrupción y la falta de alternativas de la democracia mexicana

Othón P. Blanco no tendrá, ni de lejos, los flujos de inmigración que padecen los Municipios de mayor demografía de Quintana Roo, como los turísticos de la Riviera Maya, pero sí las consecuencias propias de un crecimiento urbano similar, descontrolado y sin orden ni planificación de ninguna especie, con el agravante de una renta fiscal no sólo ajena al mercado turístico sino a toda posibilidad de incremento del ingreso regular y del erario –porque se carece de una actividad económica redituable que contrasta con la creciente demanda de espacios y servicios básicos de una marginalidad expansiva y sin expectativas para remontar su estatus de lumpen-, que además de la pobreza y la delincuencia amplifica el déficit, y multiplica el rezago y la impotencia frente a los problemas sin solución de la basura, la seguridad pública y la pavimentación de calles, entre los más básicos e indispensables, y para los que el Ayuntamiento no tiene recursos. ¿Por qué? Porque ha sido presidido por rufianes investidos como alcaldes, que además de saquearlo no han tenido ni el mínimo interés ni la mínima virtud para gobernarlo; que lo han dejado a la deriva de su insolvencia financiera y de su colonización miserable y anárquica; que jamás han tenido iniciativa ni creatividad para ordenar la dinámica de su crecimiento y sus posibles alternativas de desarrollo (de inversión, de fomento productivo, de exploración de sus competencias regionales); y ya ni siquiera la más elemental aptitud para mantener el equilibrio administrativo y las simples funciones de intendencia, con el objeto de evitar la destrucción del ámbito biótico y el colapso absoluto de su autoridad y de su jerarquía republicanas. OPB es hoy día un monumento a la permisividad, al libertinaje y a la decadencia del mandato ciudadano. Desde la comunidad gobernada se ha tolerado todo. Desde los grupos gobernantes no ha habido sino despojo e indolencia. ‘La hora del Sur’, así, no podría llegar jamás. En ninguno de los niveles de la estructura del Estado nacional ha habido ni interés ni compromiso. El Municipio está entre los más endeudados del país, pero es el que menos capacidades de ingreso tiene para responder a sus deudas y al ímpetu de sus demandas. Y no tiene respuestas de gobierno a la vista. Lo que se advierte es peor que todo cuanto se ha vivido. Los criminales desvíos cometidos por personajes como Ruiz Morcillo, Espinosa Abuxapqui y Villanueva Tenorio, entre otros, no sólo quedaron impunes, sino que algunos fueron ‘premiados’ con nuevas oportunidades de poder político, y esos ejemplos de vileza hacen la pedagogía de los ‘liderazgos’ emergentes. No hay ejemplos de dignidad con qué enfrentar a la canalla. Este 6 de junio, los electores del entorno municipal chetumaleño elegirían al vigésimo segundo munícipe, pero no habrá nada mejor a lo que la historia reciente ha dado. Las elecciones pasarán sin opciones. Como en casi todo el país. Porque sin una nueva genética educativa no habrá nunca una mejor genética democrática. Sin escuela no hay porvenir. Sin civilidad ciudadana no hay civilidad política. Sin una democracia de calidad y sin electores críticos, los cambios en el poder representativo serán cada vez más lamentables. Sufragar no es lo que sirve, sino saber hacerlo, siempre que haya por quién y valga la pena hacerlo. La democracia de sólo votar y garantizar el voto, es la de sólo reciclar los desechos. Porque el sistema de la pobreza educativa y política está atascado e impedido de producir valores nuevos. Y eso sólo supone más inseguridad, insalubridad, inequidad, impunidad e ingobernabilidad. Es decir: lo mismo, pero empeorado.

Javier Ramírez

Puede que albergue a la capital del Estado y sea la sede de los tres Poderes, pero en los hechos el Municipio de Othón P. Blanco no está tan alejado del nivel de carencias que tienen los Municipios del centro, como Felipe Carrillo Puerto y José María Morelos, donde las autoridades pasan un calvario para poder cumplir con el pago de su nómina, ya no se diga de sus proveedores.

OPB es un Municipio fiscalmente colapsado y condenado al caos poblacional y ambiental, y al crecimiento de la ya incontrolable violencia criminal. Sus autoridades ni siquiera son capaces de generar alternativas de administración, de operación y de gestión del déficit, para no hablar de inversiones, de diversificación productiva y de planificación económica sectorial. No tienen noción alguna para regular el espacio territorial y contener la degradación biótica de los asentamientos irregulares. En realidad, hace mucho que no hay autoridades. Es una demarcación a la deriva.

Aun así, no son pocos los que cada tres años levantan la mano para intentar, aseguran, corregir el rumbo del Ayuntamiento, por el cual han pasado alcaldes de varios partidos, principalmente del Revolucionario Institucional, algunos más corruptos que otros.

La promesa del cambio fue lo que ayudó hace tres años al Morena a ganar en las votaciones con la figura del exalcalde priista y ya finado Hernán Pastrana, aunque su gobierno y su vida no duraron mucho y dieron paso a su sustituto, Otoniel Segovia Martínez, quien puso el último clavo en el ataúd de un Municipio derruido, con cero avances y sobrados retrocesos en cualquier ámbito, merced a las deudas que tiene y a la mala utilización de los pocos recursos que recibe.

Villanueva Tenorio y la quiebra municipal

La inoperancia del Ayuntamiento capitalino recae hoy en Otoniel Segovía, pero lo peor de su debacle comenzó hace casi ya una década, en 2012, cuando el entonces alcalde priista Carlos Mario Villanueva Tenorio provocó el más fuerte golpe al erario.

Ese año, con la ayuda de sus compañeros priistas y verdeecologistas en la XIII Legislatura del Congreso del Estado, así como el aval del hoy preso gobernador Roberto Borge Angulo, Carlos Mario solicitó un empréstito de 272 millones de pesos con el argumento de que sería utilizado para pagar otros créditos contraídos por su antecesor, Andrés Ruiz Morcillo.

Dicho crédito, sumado a los anteriores, comprometió el 90 por ciento de las participaciones que recibía el Ayuntamiento, con lo que la deuda municipal se incrementó a 446 millones de pesos, faltando unos meses para que concluyera la gestión de Villanueva Tenorio.

Dos años después, durante la administración de Eduardo Espinosa Abuxapqui, los regidores panistas encabezados por José Hadad Estéfano denunciaron a Carlos Mario por irregularidades financieras y hasta malversaciones en obra pública y en pago de impuestos y cuotas obrero-patronales.

Asimismo, pidieron un reporte sobre en qué se gastó el empréstito de 272 millones de pesos, señalando que no era posible que Villanueva Tenorio quedase impune por los desvíos cometidos, pues como alcalde estaba enterado de todas las irregularidades en Obras Púbicas y otras direcciones y departamentos de la Comuna, como los de la funeraria, el rastro y el zoológico.

Porque Carlos Mario no sólo no intentó resolver el problema del endeudamiento contraído por Ruiz Morcillo con la instalación y mantenimiento de las lámparas LED suministradas por la empresa Avances Lumínicos Plus S.A. de C.V., sino que incluso incrementó en 2 millones de pesos al mes el pago de la concesión, pese a que los costos de ese mantenimiento ya estaban en el contrato original. Cuando Abuxapqui asumió la Presidencia Municipal, la deuda por el servicio, con todo y recargos, ascendía a mil millones de pesos.

El asunto quedó en manos de la Auditoría Superior del Estado, con suficientes pruebas como para procesarlo, pero eso nunca ocurrió e incluso Carlos Mario dejó al PRI para convertirse en dirigente del Partido Encuentro Social, que lo llevó a una diputación local en 2016.

La corrupción paga. Y la impunidad abona intereses. La culpa no era sólo suya, sino de quienes también ganaron amparando sus fechorías. Corrupción, complicidad e impunidad generalizadas, no sólo no han derivado en una propuesta contraria de justicia, sino en nuevas oportunidades de poder político. Después del ultraje impune a la Comuna, Carlos Mario quiso y mereció ser diputado local.  Y luego fue postulado, por otro partido de delincuentes, para ser legislador federal. Ninguna novedad en los frentes del sufragio. En todo el país han ganado ahora forajidos de esta catadura.

Con el Morena, más de lo mismo y de lo peor

Tras un último fallido gobierno priista de la mano de Espinosa Abuxapqui en 2013, los electores de OPB decidieron dar oportunidad a la ‘alternancia’ que en ese entonces representaba el PAN, con Luis Alfonso Torres Llanes –sempiterno priista, converso para el efecto cual es la moda- en 2016, pero debido a su gris desempeño en 2018 rechazaron darle el voto nuevamente a los blanquiazules y en su lugar abrazaron la propuesta del Morena, no tanto por su entonces candidato Hernán Pastrana Pastrana, sino por la popularidad del líder de la llamada ‘cuarta transformación’, Andrés Manuel López Obrador, que hacía ganar a cualquiera que se postulara con la camiseta de la regeneración moral, pillo que fuese o no.

La muerte de Pastrana permitió a Otoniel Segovia Martínez asumir la Presidencia al año siguiente. Fue entonces cuando los habitantes del Municipio comenzaron a padecer un muladar de problemas en los servicios públicos, comenzando con el de la basura.

Porque cuando prácticamente todas las unidades que utiliza Servicios Públicos Municipales se descompusieron, la capital y las comunidades circunvecinas estuvieron varias semanas inundadas de desechos.

Sin el recurso ni la capacidad para reparar o comprar nuevas unidades, Segovia pidió el apoyo de los volqueteros de la ciudad, específicamente del Sindicato Caja Roja, cuyos integrantes utilizaron sus vehículos para levantar los desechos durante casi dos meses.

El problema se solucionó, pero la deuda que contrajo Segovia con los volqueteros, de casi 200 mil pesos, no fue cubierta, por lo que el secretario general del sindicato, Antonio González, teme que la próxima administración municipal no respete el acuerdo y finalmente los dejen sin este pago, del cual dependen varias familias.

Segovia Martínez dejó de atender peticiones como la pavimentación de calles y la reposición del alumbrado público, y problemas como la falta de pago a proveedores y a trabajadores de áreas y direcciones de la Comuna, y en cambio sí destinó, el año pasado, un millón de pesos para los trabajos de mantenimiento del Parque del Renacimiento en Chetumal, un proyecto que no fue consultado al Cabildo ni mucho menos transparentado.

La apatía y el enanismo del Gobierno municipal morenista ha sido tal, que este año se dio el lujo de devolver cuatro millones de pesos a la Federación, remanentes del Programa de Inversión Anual 2020, debido a que se retrasó en la licitación de remanentes de obras públicas.

Al 30 de septiembre de 2020, la deuda directa de largo plazo del Municipio totalizaba 376.9 millones de pesos, por dos créditos contraídos en 2012 y 2018. Y de acuerdo con datos del Centro de Estudios de las Finanzas Públicas, de la Cámara de Diputados, se ubica en el lugar 16 de los Municipios con más deuda per cápita en el país, al tener, al cuarto trimestre de 2020, una deuda por persona de mil 389.9 pesos, la tercera más grande de Quintana Roo, luego de la de Cozumel (4 mil 280.8) y Solidaridad (2 mil 671.1), pero sin ingresos fiscales para responder por ella, a diferencia de dichos Municipios turísticos.

El mismo reporte destaca que Othón P. Blanco ocupa, asimismo, el muy prominente séptimo lugar entre los 25 Municipios del país más endeudados como porcentaje de sus ingresos totales, con el 40 por ciento.

En 2012, el Presupuesto de Egresos fue de 531 millones de pesos. Nueve años después, este sólo aumentó a 880 millones, pero con una reducción de 40 millones con respecto al de 2020. Es decir, que el Ayuntamiento es uno de los que menos ha crecido en cuanto a presupuesto en el Estado, situación que difícilmente va a cambiar en los años por venir.

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