Cuba y la ‘guerra telemática’ anunciada: el Pentágono se retira de Afganistán para desplegarse en la ‘Cuenca del Caribe’

El bestiario

Es completamente lógico que los latinoamericanos comparen lo que están viviendo a lo que ya ‎vivieron en el pasado, como el golpe de Estado de 1973 en Chile. Pero sería arriesgado para ‎Washington tratar de reproducir el escenario aplicado contra Chile hace 48 años. Sería un error ‎porque todo el mundo conoce hoy los detalles de aquella manipulación. ‎Al mismo tiempo, la revelación de los vínculos de Juan Guaidó, el ‘presidente virtual venezolano’, con la National Endowment for ‎Democracy (NED) y con el equipo del estadounidense Gene Sharp, hace pensar en una ‘revolución ‎de color’, y más aun teniendo en cuenta que ya hubo en Venezuela una operación de ese tipo, ‎en 2007, cuando terminó en un fracaso. Pero, una vez más, sería arriesgado para Washington ‎tratar de aplicar nuevamente un plan que ya fracasó hace 14 años. Miguel Mario Díaz-Canel Bermúdez, presidente de Cuba y primer secretario del Partido Comunista, elegido por la Asamblea del Poder Popular de Cuba en sustitución de Raúl Castro, desde el 10 de octubre del 2019, recalcó este 11 de julio: “Explicamos que estábamos en una coyuntura difícil, a partir de las medidas que adoptó la administración de Donald Trump de los Estados Unidos con el objetivo de asfixiar la economía del país, para provocar un estallido masivo y llamar a una intervención humanitaria… Hemos enfrentado todos estos retos y desafíos. Cuba vacuna a su población, hemos enviado las brigadas médicas al mundo. En medio de esto aparecen más complicaciones. Dificultades en la generación eléctrica…  El bloqueo cruel, genocida y  asfixiante es el mayor daño humanitario que sufre Cuba…”.

Ese 11 de julio recibimos en nuestra redacción un Twitter de Dagmar García Rivera, directora de Investigaciones del Instituto Finlay de Vacunas, escribió en Twitter: “Todos los científicos de @BioCubaFarma dispuestos a lo que sea necesario para preservar nuestra Patria #Soberana. Las calles son nuestras, #Cuba es nuestra. Superaremos esta crisis como hemos superado otras. Solo la unidad del pueblo nos salvará…”. Varios periodistas de mi natal País Vasco, en España, desde San Sebastián y Bilbao, nos hicieron llegar sus misivas: “Mostramos nuestra solidaridad con Cuba y su pueblo. Estamos seguros que superarán esta ‘tormenta de verano’. La fórmula, seguir trabajando como lo están haciendo, heroicamente en su batalla con la pandemia del Covid-19 y otros virus como el bloqueo y traición de aquellos cubanos que plantean una intervención contra su Patria, exhibiendo banderas de Estados Unidos, en sus manifestaciones de protesta”; “Todos los cubanos están viviendo, como en el resto del mundo, unos momentos muy difíciles con el Covid-19 y sus ‘Deltas’. Cuba, aparte, lleva haciendo frente a otra pandemia durante décadas, el bloqueo de los Estados Unidos. Creasteis vuestras Abdalás y Soberanas 2. Además de todo esto, hay cubanos que son capaces de estar planteando en momentos nada fáciles como éstos la intervención en La Habana, Santiago, Pinar del Río, Varadero, Guantánamo, Villa Clara, Trinidad, Cienfuegos, de los marines de Estados Unidos. Traidores, canallas, miserables… No se cómo calificarles”; “Me niego a creer que mucha gente que secundó las algaradas de este 11 de julio entendían lo que se estaba jugando detrás de esas teorías de ‘trumpistas miamenses’, de los Rubios, ‘Elvira confronta’, Otaolas, Carluchos, Carlos Oteros, Ivanes Herreras y otras personalidades ‘versaillescas’ de la calle 8 de Miami, Florida… que siguen confundiendo sus deseos con la realidad, y no aprenden de su derrota histórica”; “El Pueblo de Cuba no estaba en la calle, estaba descansando en sus hogares y no dudó en salir de sus casas y neutralizar la ‘locura‘ o ‘pesadilla’, que nada tuvo que ver con un ‘Sueño de una noche de verano’ de William Shakespeare. Todos los ciudadanos sufren por un deterioro en el abastecimiento de alimentos, apagones, ofensiva pandémica…, consecuencias de las medidas adoptadas por Washington contra La Habana”.

Son tiempos de unidad, solidaridad, patriotismo… Los cubanos deberían estar celebrando el éxito de sus Abdalás y Soberanas, todo un hito histórico en la medicina mundial, como lo reconocía el propio periódico The Washington Post no hace muchos días. Los denominados ‘anticastristas’ –muchos de ellos eran ‘talibanes’ que vivieron a cuenta de la Revolución, desarrollando una política extremista durante décadas y luego desertaron, yéndose a ‘La Yuma’. La extrema derecha del Miami del exilio, teñida del supremacismo radical del Partido Republicano, secuestrado por el clan de Donald Trump -algunos de cuyos integrantes, están ya procesados o ingresados en prisión- no descansa y está aplicando políticas injerencistas como lo vienen haciendo desde hace décadas con sus ‘Plan Cóndor’, ‘Revoluciones de Colores’, ‘Primaveras Árabes’… Hoy utilizan como ‘proyectiles’ sus Internet, Youtube, los shows televisivos online, Twitter, Facebook… Hay que estar atentos, firmes, mesurados… La actitud de los líderes de la capital cubana desprendían ‘sentido común’ en mensajes y declaraciones -no debilidad- frente a las barrabasadas de los ‘anticastristas’, quienes hablaban de ‘noche de cuchillos largos’, fusilamientos, muertos, huida del propio Raúl Castro a Caracas… La telemática se sumó a la comedia de una ‘Pesadilla de una noche de verano’. El lunes los habaneros y santiagueros regresaron a sus puestos de trabajo. No se registraron muertos ni heridos de gravedad, a diferencia de los incidentes ocurridos no hace muchas semanas en la democrática Colombia.

Santiago J. Santamaría Gurtubay

Telemática es un campo de la ciencia que engloba los conocimientos de la informática y de la tecnología de la comunicación para el desarrollo de diseños, procesos y técnicas de servicios o aplicaciones que permiten transmitir datos. ​También es usado en ocasiones el término ‘teleinformática’, término que nació en la disciplina de telecomunicación para designar el control remoto de sistemas informáticos, aunque no describe la telemática como tal. La telemática cubre un campo científico y tecnológico de una considerable amplitud, englobando el estudio, diseño, gestión y aplicación de las redes y servicios de comunicaciones, para el transporte, almacenamiento y procesado de cualquier tipo de información (datos, voz, vídeo…), incluyendo el análisis y diseño de tecnologías y sistemas de conmutación. La telemática abarca entre otros conceptos los siguientes planos funcionales: El plano de usuario, donde se distribuye y procesa la información de los servicios y aplicaciones finales; el plano de señalización y control, donde se distribuye y procesa la información de control del propio sistema, y su interacción con los usuarios; y el plano de gestión, donde se distribuye y procesa la información de operación y gestión del sistema y los servicios, y su interacción con los operadores de la red. Cada uno de los planos se estructura en subsistemas denominados entidades de protocolo, que a su vez se ubican por su funcionalidad en varios niveles. Estos niveles son agrupaciones de funcionalidad, y según el modelo de interconexión de sistemas abiertos (modelo OSI) de la Organización Internacional de Normalización (ISO) se componen de: nivel físico, nivel de enlace, nivel de red, nivel de transporte extremo a extremo, nivel de sesión, nivel de presentación y nivel de aplicación. Trata también servicios como la tele-educación, el comercio electrónico (e-commerce) o la administración electrónica (e-government), servicios Web, TV digital, la conmutación y la arquitectura de conmutadores, y también toca temas como el análisis de prestaciones, modelado y simulación de redes: optimización, planificación de la capacidad, ingeniería de tráfico y diseño de redes. Otra modalidad es encontrarla focalizada en una actividad específica como telemática educativa en donde se desarrolla el uso de los recursos telemáticos dirigidos a la Educación; entre ellos la comunicación interactiva, la distribución de la información y el uso pedagógico de los servicios. El término telemática se acuñó en Francia (télématique). En 1976, en un informe encargado por el presidente francés y elaborado por Simon Nora y Alain Minc (conocido como informe Nora-Minc y distribuido por el título: Informatización de la Sociedad), en el que se daba una visión increíblemente precisa de la evolución tecnológica futura. Pero al igual que en Francia, en los países anglosajones también existe la disciplina telemática, la cual es denominada como Computer and Communications (del inglés: ‘Ordenador y Comunicaciones’) o Compunication. No obstante hay matices claves a distinguir entre los dos términos. Para aclarar esto, conviene situarse en el contexto de la época: por una parte Francia, que ponía claro énfasis en las telecomunicaciones como motor de su transformación social en los años 70, mientras que Estados Unidos estaba viviendo una gran revolución de la informática. Así, Compunication (computadores + comunicación) apunta a un modelo con mayor relevancia de los sistemas informáticos; telemática (télématique) por su parte, refiere a un mayor énfasis en la telecomunicación en sí. En la actualidad, esta diferencia de origen se ha perdido, ya que esta disciplina científica y tecnológica ha convergido por completo a nivel mundial, para formar un único cuerpo de conocimiento bien establecido. Naciendo de esta forma el actual significado de la telemática.

‘Revoluciones de colores’ es el nombre colectivo que han recibido una serie de movilizaciones políticas en el espacio exsoviético llevadas a cabo contra líderes supuestamente “autoritarios” acusados de “prácticas dictatoriales” o de amañar las elecciones o de otras formas de corrupción. En ellas, los manifestantes suelen adoptar como símbolo un color específico que da nombre a su movilización. Este fenómeno surgido en Europa Oriental también tuvo posterior repercusión en Oriente Medio. Estas protestas tienen en común el recurso a la acción directa no violenta, según sus simpatizantes, y un marcado discurso prooccidental, además de, según sus defensores, “democratizador y liberal”. Otra coincidencia es el importante papel jugado por ciertas organizaciones no gubernamentales y organizaciones estudiantiles. El triunfo de cada uno de estos movimientos ha sido variado, pero su eco se ha hecho sentir en todo el espacio exsoviético, donde líderes como Vladímir Putin en Rusia o Alexander Lukashenko en Bielorrusia han tomado medidas preventivas para impedir su extensión.

Los ‘cambios’ promovidos por Estados Unidos, Agencia de Inteligencia (CIA), Fundación Soros, USAID o el National Endowment for Democracy

El alcance y significado de estas revoluciones es aún debatido, así como también lo es el papel jugado por actores externos, principalmente de Estados Unidos, como la Agencia Central de Inteligencia (CIA), la Fundación Soros, la USAID o el National Endowment for Democracy. El objetivo de estos movimientos sería propiciar cambios en estos países, tradicionalmente parte de la zona de influencia de la actual Rusia, herencia de la Unión Soviética, para que pasen a formar parte del bloque occidental (formado por los países de la OTAN y aliados), como ha sucedido en algunos de estos casos. Sin embargo, los que apoyan dichos movimientos los presentan como puramente autóctonos o incluso nacionalistas, pero sus detractores los acusan de estar manipulados y maximizan la importancia de los agentes externos. Para entender las intenciones de Washington, debemos empezar por conocer sus planes de finales del siglo XX y el siglo XXI. ‎ El 29 de octubre de 2001, o sea mes y medio después de los atentados registrados en ‎Nueva York y el Pentágono, el secretario de Defensa Donald Rumsfeld creó una estructura ‎llamada Office of Force Transformation (Oficina de Transformación de la Fuerza) cuya misión ‎consistiría en revolucionar las fuerzas armadas estadounidenses, cambiar su mentalidad para que ‎respondiesen a un objetivo radicalmente nuevo tendiente a garantizar la supremacía de ‎Estados Unidos a nivel mundial. Rumsfeld puso esa tarea en manos del almirante Arthur ‎Cebrowski, quien ya había trabajado en la creación de una red digital que abarcaba todas las ‎unidades militares y había participado, en los años 1990, en la elaboración de una doctrina de la ‎guerra en red (Network-centric warfare).‎ El almirante Cebrowski llegaba con una estrategia ya elaborada que presentó no sólo en el ‎Pentágono sino en casi todas las academias militares estadounidenses. A pesar de su importancia, ‎su trabajo interno en las fuerzas armadas no se conoció hasta que se publicó un artículo en la ‎revista Vanity Fair. La argumentación de Cebrowski fue publicada por su asistente, Thomas ‎Barnett. ‎Por supuesto, esos documentos no son obligatoriamente fieles al pensamiento imperante en el ‎Pentágono, pensamiento que ni siquiera tratan de explicar, limitándose a justificarlo.

En todo ‎caso, la idea principal es que Estados Unidos debe tomar el control de los recursos naturales de ‎la mitad del mundo, no para utilizarlos para sí mismo sino para estar en posición de decidir quién ‎podrá utilizarlos. Para lograr ese objetivo, tendrá que destruir en esas regiones cualquier poder ‎político que no sea el de Estados Unidos y acabar con las estructuras mismas de los Estados en ‎los países existentes en esas regiones. ‎Oficialmente, nunca se inició la aplicación de esa estrategia. Pero lo que estamos viendo desde ‎hace 20 años coincide precisamente con lo que se describe en el libro de Barnett. ‎Primeramente, en los años 1980 y 1990, tuvo lugar la destrucción de la región africana de los ‘‎‎Grandes Lagos’. Lo que se recuerda de aquello es el episodio del genocidio perpetrado en ‎Ruanda y sus 900,000 muertos, pero el hecho es que toda la región fue devastada por una serie de ‎guerras que arrojaron un total de 6 millones de muertos. Resulta sorprendente comprobar que, a ‎‎dos décadas de aquellos hechos, numerosos países de la región aún no logran restaurar su soberanía ‎sobre el conjunto de sus territorios. Ese episodio es anterior a la doctrina Rumsfeld-Cebrowski, ‎así que no sabemos si el Pentágono había previsto lo que allí sucedió o si concibió su plan ‎mientras destruía aquellos Estados. ‎Posteriormente, en los años 2000 y 2010, vino la destrucción del ‘Medio Oriente ampliado’, ya ‎después de la doctrina Rumsfeld-Cebrowski. Por supuesto, es posible creer que lo sucedido en ‎esta otra región fue una sucesión de intervenciones ‘democráticas’, de guerras civiles y de ‎revoluciones. Pero, además de que las poblaciones implicadas cuestionan la narración dominante ‎de esos acontecimientos, también podemos comprobar en este caso que las estructuras de los ‎Estados fueron destruidas y que no ha sido posible restaurar la paz después del fin de las ‎operaciones militares. Actualmente, el Pentágono está retirándose del ‘Medio Oriente ‎ampliado’ y se prepara para desplegarse en la ‘Cuenca del Caribe’.

‎El proceso de destrucción de la Cuenca del Caribe comenzó con el decreto de Barack Obama en 2015: “Venezuela amenaza nuestra seguridad”

Una buena cantidad de elementos demuestran que nuestra comprensión anterior de las guerras de ‎George W. Bush y de Barack Obama era incorrecta y que esos mismos elementos corresponden a ‎la perfección con la doctrina Rumsfeld-Cebrowski. Esta lectura de los hechos no es por tanto ‎resultado de una coincidencia con la tesis de Barnett y nos obliga a revisar bajo otro ángulo todo ‎lo que hemos visto. ‎Si adoptamos esta manera de pensar, tenemos que plantearnos que el proceso de destrucción de ‎la Cuenca del Caribe comenzó con el decreto del presidente Barack Obama, emitido el 9 de marzo ‎de 2015, según el cual Venezuela amenaza la seguridad nacional de los Estados Unidos de ‎América. Puede parecer que eso pasó hace mucho tiempo, pero no es así. Basta recordar que ‎el presidente George W. Bush firmó la Syrian Accountabilit Act en 2003, pero las operaciones ‎militares contra Siria comenzaron ocho años más tarde, en 2011. Era el tiempo que necesitaba ‎Washington para crear las condiciones necesarias para la agresión. ‎Si este análisis es correcto tenemos que plantearnos que los acontecimientos anteriores a 2015 -el golpe de Estado de 2002 contra el presidente Hugo Chávez, el intento de ‘revolución de color’ ‎de 2007, la Operación Jericó en febrero de 2015 y las primeras guarimbas ‎(protestas) respondían a una ‎lógica diferente, mientras que lo sucedido después (el terrorismo de las guarimbas, en 2017) ‎es parte del plan actual.

Thierry Meyssan (nacido el 18 de mayo en 1957 en Talence, Gironda) es un periodista y activista político francés, autor de investigaciones sobre la extrema derecha (especialmente sobre la milicia del Frente Nacional, que suscita una investigación parlamentaria y provoca una escisión del partido de extrema derecha), así como por su defensa de la laicidad de la República y sobre la Iglesia católica (el Opus Dei, por ejemplo), entre otras. En 1994 pasa a formar parte de la dirección del Partido Radical de Izquierda, formación política de centro-izquierda, y como miembro de la misma participa en los equipos de campaña de Bernard Tapie en las elecciones europeas de 1994 y de Christiane Taubira en las presidenciales de 2002. En 1994 funda la Red Voltaire, asociación de promoción de la libertad de conciencia y expresión, de la que es actualmente presidente. ‘¿Pueden Venezuela y sus vecinos ‎sobrevivir a la guerra que ya se anuncia?‎’, es el título de un artículo publicado por Meyssan… “En 2007, -narra Thierry Meyssan- estudiantes trotskistas iniciaron un movimiento contra la decisión de ‎no renovar la licencia de RCTV, una estación de radio y televisión que transmitía en Caracas. Hoy ‎sabemos, gracias a Blumenthal y Cohen, que en aquella época Juan Guaidó ya estuvo implicado en ‎aquel movimiento y que recibió entrenamiento de discípulos del teórico de la no violencia Gene ‎Sharp. En vez de reprimir los excesos de aquel movimiento, lo que hizo el presidente Hugo ‎Chávez -en ocasión de la firma de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA)- fue leer a los participantes un artículo que yo había escrito sobre Gene Sharp y su ‎concepción de la no violencia al servicio de la OTAN y de la CIA. Al darse cuenta de que habían sido manipulados, ‎numerosos manifestantes abandonaron la protesta. Sharp trató de negar torpemente los hechos, ‎escribiéndole al presidente Hugo Chávez y a mí mismo. Y logró crear cierta confusión en el ‎seno de la izquierda estadounidense, donde era visto como una personalidad respetable y ‎no vinculada al gobierno de Estados Unidos. El profesor Stephen Zunes asumió la defensa de ‎Sharp pero, ante el peso de las pruebas, Sharp acabó cerrando su instituto y dejando el espacio a ‎Otpor y al Canvas… Si mi análisis es correcto -y por ahora todo parece indicar que sí lo es- hay que prepararse para ‎una guerra, no sólo en Venezuela sino en toda la Cuenca del Caribe. Haití también ‎está desestabilizado. En Cuba lo tienen más difícil. La propia población salió a las calles a neutralizar las algaradas callejeras. ‎Esa guerra será impuesta desde el exterior. Su objetivo ya no será derrocar gobiernos de ‎izquierda para reemplazarlos por los partidos de derecha, aunque así lo indiquen las apariencias. ‎En el desarrollo de los acontecimientos se perderá las distinciones entre esos bandos. Poco ‎a poco, todos los sectores de la sociedad se verán amenazados, sin distinción de ideología ni de ‎clase social. ‎ Asimismo, los demás países de la región no podrán mantenerse al margen para escapar a la ‎tempestad. Los que crean que lograrán protegerse sirviendo de base de retaguardia a las ‎operaciones militares también serán parcialmente destruidos. Deben saber que, aunque la prensa ‎raramente menciona esto, ciudades enteras han sido arrasadas en la región de Qatif, en Arabia ‎Saudita, a pesar de que ese país es el principal aliado de Washington en el ‘Medio Oriente ‎ampliado’…”. ‎

¿No pretenderá Joe Biden, el presidente demócrata, promover un nuevo presidente en Cuba, al estilo y semejanza de Juan Guaidó?

“Según el esquema ya visto en los conflictos de la región africana de los ‘Grandes Lagos’ y en el ‎’Medio Oriente ampliado’, esa guerra en nuestra región de Latinoamérica se desarrollaría por etapas. En primer lugar, destrucción de los símbolos del Estado moderno, con ataques contra monumentos históricos o museos dedicados a la memoria de sus próceres. Son acciones ‎que pueden no causar víctimas pero que atentan contra la conciencia colectiva de la población. Posteriormente, introducción de armas y financiamiento para la organización de ‘manifestaciones’ que acabarán ‎en actos de violencia. La prensa dominante divulgará a posteriori explicaciones imposibles de ‎verificar sobre los crímenes, que serán atribuidos al gobierno como actos de represión contra ‎pacíficos manifestantes. Como lo que se busca es sembrar la división, es importante que ‎la policía crea haber sido tiroteada por la multitud y que la multitud crea al mismo tiempo que ‎la policía ha disparado contra ella. La tercera etapa consiste en organizar sangrientos atentados por todo el país. Eso requiere muy ‎pocas personas, basta con dos o tres equipos que circulen a través del país. Este esquema ya fue utilizado con éxito contra Libia y Siria. Sólo entonces será útil el envío de mercenarios extranjeros. En las guerras más recientes, ‎Estados Unidos envió a Irak y Siria al menos 130,000 extranjeros, a los que se agregaron unos ‎‎120,000 elementos armados locales. Se trata de ejércitos muy numerosos, pero mal entrenados… El ejemplo de Siria demuestra que es posible defenderse. Pero hay medidas que deben adoptarse ‎urgentemente, ante las nuevas formas de lucha -la guerra ‎de cuarta generación-. Este tipo de guerra no se parece a las anteriores. Por ejemplo, ‎en Damasco -la capital siria- la mayor parte de la ciudad está intacta, pero algunos barrios están ‎totalmente devastados, como Stalingrado después de la arremetida de los nazis. Eso implica el uso ‎de técnicas especiales de lucha”.

‎Venezuela se divide hoy entre la legitimidad del presidente de la República constitucionalmente electo, Nicolás Maduro, y la del presidente de la Asamblea Nacional, Juan ‎Guaidó. ‎Analistas de EE UU recalcan que el diputado golpista venezolano Juan Guaidó es “producto de las fábricas de élite dedicadas al cambio de régimen” de Washington. “Si bien Guaidó parece haber surgido de la nada, de hecho es el producto de más de una década de perseverante preparación por parte de las fábricas de élite dedicadas al cambio de régimen del Gobierno de Estados Unidos”, indican Dan Cohen y Max Blumenthal en un artículo publicado en español el 31 de enero por el portal The Grayzone. En su largo texto, los analistas explican cómo Washington convirtió a un político desconocido de la Asamblea Nacional (AN) en líder opositor dispuesto a autoproclamarse presidente. Guaidó, revelan Cohen y Blumenthal, fue entrenado por Washington para socavar el Gobierno de Venezuela, de orientación socialista, a fin de desestabilizar el país y algún día tomar el poder. En el mismo sentido, el artículo indica que el autonombramiento del líder opositor venezolano tuvo lugar luego de una llamada telefónica del vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, con el ‘placet’ de Donald Trump. Juan Guaidó, sugiere el texto, fue elegido por EE UU para encargarse de una misión destinada a “derrumbar a un país que durante las últimas dos décadas ha sido un bastión de resistencia a la hegemonía estadounidense”.

Los gobiernos de Johnson, Nixon, Ford, Carter y Reagan apoyaron asesinatos de opositores “subversivos” en Latinoamérica

Plan Cóndor, también conocido como Operación Cóndor, fue una campaña de represión política y terrorismo de Estado respaldada por Estados Unidos​ que incluía operaciones de inteligencia y asesinatos de opositores. Fue implementada oficial y formalmente en noviembre en 1975 por las cúpulas de los regímenes dictatoriales del Cono Sur -Chile, Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay, Bolivia y esporádicamente, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela-. El gobierno de Estados Unidos proporcionó planificación, coordinación, formación sobre la tortura, apoyo técnico y suministró ayuda militar a las juntas militares durante las administraciones de Johnson, Nixon, Ford, Carter y Reagan. Este apoyo para violaciones de los derechos humanos se canalizó con frecuencia a través de la CIA. El Plan Cóndor se produjo en el marco de la estrategia de Estados Unidos en la Guerra Fría, guiada por la Doctrina de la Seguridad Nacional, promoviendo las dictaduras, con el fin de suprimir sectores políticos de izquierda, e impulsar un nuevo modelo económico centrado en garantizar beneficios crecientes a los sectores más conservadores y con mayores recursos materiales. Esta coordinación implicó, oficial y directamente, el seguimiento, vigilancia, detención, interrogatorios con tortura, traslados entre países, violación y desaparición o asesinato de personas consideradas por dichos regímenes como “subversivas del orden instaurado, o contrarias a su política o ideología”.​ El Plan Cóndor se constituyó en una organización clandestina internacional para la estrategia del terrorismo de Estado que instrumentó el asesinato y desaparición de decenas de miles de opositores a las mencionadas dictaduras, la mayoría de ellos pertenecientes a movimientos de la izquierda política, el peronismo, el sindicalismo, las agrupaciones estudiantiles, la docencia, el periodismo, el campo artístico, la teología de la liberación y el movimiento de derechos humanos. Los llamados “Archivos del Terror” hallados en Paraguay en 1992 dan la cifra de 50,000 personas asesinadas, 30,000 desaparecidas y 400,000 encarceladas. Con el antecedente del decreto Noche y Niebla en la Alemania nazi y similitudes con la “estrategia de la tensión” utilizada en Italia en los años 1970, la doctrina encarnada en la Operación Cóndor surge, según la profesora estadounidense Joan Patrice McSherry (Long Island University),​ en la década de 1960 en la Escuela de las Américas y las Conferencias de Ejércitos Americanos, en las cuales Estados Unidos enseña a los oficiales latinoamericanos instruidos en ellas acciones “preventivas” (torturas) en la región.

Henry Kissinger, secretario de Estado de Estados Unidos durante la presidencia de Richard Nixon, ha sido señalado como el autor e ideólogo del Plan Cóndor. Conviene destacar el contexto en que se pone en marcha la Operación Cóndor. A mediados de los años 1970, tras una serie de golpes de Estado, se cuenta con una verdadera red de dictaduras en el Cono Sur y en América Latina: En Paraguay, el general Alfredo Stroessner llega al poder en 1954 tras un golpe de Estado; en Brasil, los militares derrocan en 1964 al gobierno democrático y popular de João Goulart; en Bolivia, el general Hugo Bánzer llega al poder en 1971, después de una serie de golpes de Estado; en Uruguay, se instala una dictadura cívico-militar en 1973, coincidiendo con el plan general diseñado para el Cono Sur, donde crecen movimientos populares de envergadura; en Chile, el general Augusto Pinochet toma el poder en 1973 tras su golpe de Estado contra el presidente socialista Salvador Allende; en Argentina, la junta militar presidida por el general Jorge Rafael Videla toma el poder en 1976 tras un golpe de Estado… El periodista estadounidense A.J. Langguth atribuye a un operativo de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) estadounidense (como parte defensiva de la Guerra Fría, para impedir la propagación del comunismo en América Latina) la organización de las primeras reuniones entre funcionarios de seguridad uruguayos y argentinos para discutir la vigilancia de los exiliados políticos, así como su actuación como intermediaria en las reuniones entre los dirigentes de los escuadrones de la muerte brasileños, la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A) y agentes uruguayos;​ en Argentina había comenzado a actuar la Triple A desde el 21 de noviembre de 1973 (cuando Juan Domingo Perón todavía era presidente), en una coordinación criminal con la dictadura de Pinochet en Chile, tal como lo demostraron las investigaciones sobre la Operación Colombo, un modelo de guerra sucia que se ejecutó en 1975. Pero Estados Unidos hizo más que organizar los encuentros: la división de servicios técnicos de la CIA suministró equipos de tortura a brasileños y argentinos (entre otros) y ofreció asesoramiento sobre el grado de shock que el cuerpo humano puede resistir, señala también Langguth. En 2007, la profesora Joan Patrice McSherry, apoyándose en un documento desclasificado de la CIA fechado el 23 de junio de 1976, confirma el secuestro y tortura de refugiados chilenos y uruguayos en Buenos Aires. Dicho documento explica que ya “a principios de 1974, oficiales de seguridad de Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay y Bolivia se reunieron en Buenos Aires para preparar acciones coordinadas en contra de blancos subversivos”.

Ucrania y el mecanismo mediático global perverso, la desestabilización viral que escapa al control de quienes lo desencadenan

“Ucrania ha sido la última víctima de un perverso mecanismo de desestabilización que se ha ido desarrollado a lo largo de los últimos años…”, explica Félix Arteaga, investigador principal del Real Instituto Elcano de Madrid, España. Doctor en Relaciones Internacionales y licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense de Madrid. En los últimos años ha trabajado en política de defensa, seguridad internacional, seguridad europea, seguridad nacional, misiones internacionales y gestión internacional de crisis. Su investigación actual se orienta a evaluar el impacto de la globalización sobre las cuestiones anteriores, los cambios en la cultura estratégica de líderes y opiniones públicas y la adaptación de las políticas de seguridad y defensa ante los nuevos retos para la gobernanza y estabilidad de las sociedades avanzadas. Ucrania es un extenso país de Europa Oriental conocido por sus iglesias ortodoxas, la costa en el mar Negro y las montañas arboladas. Su capital, Kiev, cuenta con la catedral de Santa Sofía con cúpulas doradas, con mosaicos y frescos del siglo XI. En lo alto, junto al río, Dniéper está el complejo del Monasterio de las Cuevas de Kiev, un sitio de peregrinación cristiano que alberga reliquias de tumbas escitas y catacumbas de monjes ortodoxos momificados. Félix Arteaga destaca con las revoluciones de colores en la propia Ucrania (naranja) y Georgia (rosa), la desestabilización evolucionó rápidamente con las revueltas en los países árabes para retornar de nuevo a tierra ucraniana una vez mutada su naturaleza.

Diseñado inicialmente para mostrar la oposición social y política frente a los gobiernos establecidos, y dotada de un mecanismo mediático global -la ocupación física de plazas públicas- el mecanismo ha desarrollado una dinámica de desestabilización viral que escapa al control de quienes lo desencadenan. El mecanismo se pone en marcha cuando unos sectores políticos o sociales se manifiestan frente al poder exigiendo unas determinadas reivindicaciones. En esa fase, se produce una dinámica de demandas y ofertas, de manifestaciones y contramanifestaciones, de movilizaciones y de represión cuyo objetivo es demostrar la capacidad de movilización entre los activistas y la capacidad del Gobierno para controlarlos. La ocupación de lugares simbólicos es crítica en el mecanismo de confrontación porque la ocupación equipara la legitimación del Gobierno con la de los ocupantes y atribuye a estos la representación del resto de la población frente al Gobierno. Lo que ocurre en el resto del país y de la sociedad apenas cuenta y es en las ocupaciones donde se miden las fuerzas de partidarios y detractores. Los Gobiernos pueden optar por evitar males mayores, cediendo a las reivindicaciones (hemos visto ejemplos de concesiones preventivas en Marruecos y Argelia) o negarse a ellas incrementando la violencia de la represión (Siria y Egipto). Por su parte, los activistas pueden aceptar las concesiones o apostar por la escalada de las mismas, pidiendo a los Gobiernos lo que no pueden aceptar sin poner en peligro su continuidad, con lo que se entra en una espiral de acción y represión que inevitablemente aumenta la violencia. Finalmente, y para acelerar la dinámica del mecanismo, pueden recurrir a la violencia quienes no confían en una salida pacífica o quienes desean que el enfrentamiento armado acelere una intervención externa, con lo que el recurso a las armas cambia la naturaleza del conflicto e inicia la transición hacia una guerra civil.

El uso indiscriminado de la fuerza por unos francotiradores derrocó al Gobierno de Yanukóvich y la ‘invasión’ del Maidan.

En Ucrania, en el 2013, la ocupación sostenida del Maidan midió el poder de la oposición al presidente Yanukóvich y la capacidad de resistencia del Gobierno. La plaza de la Independencia es una plaza situada en la calle Jreshchátyk, en el centro de Kiev. A lo largo de los años, la plaza ha recibido varios nombres siendo Maidán el más común tras la independencia del país en 1991, desaparecida la Unión Soviética, tras la Perestroika de Mijail Gorbachov. Mientras la confrontación fue pacífica, el Gobierno pudo resistir el desgaste interno, aunque se vio obligado a entrar en un diálogo con la oposición que no deseaba, y el desgaste externo, sometido a las presiones rusas y occidentales que no podía compatibilizar. De haberse mantenido en esa fase, el conflicto podría haber terminado en otra revuelta de color más, con cambios desde el Gobierno o el propio cambio de Gobierno según y cómo se hubiera decantado el pulso. Sin embargo, la revuelta cambió su dinámica cuando los grupos radicales desplazaron a los activistas pacíficos del control de la plaza. La paramilitarización de la confrontación obligó al Gobierno ucraniano a aumentar progresivamente la contundencia de la actuación de sus fuerzas de seguridad. Ante el desbordamiento de éstas, el Gobierno anterior se vio ante el dilema de aumentar el nivel de violencia, recurriendo a sus fuerzas armadas, un recurso al que se le animó desde Rusia y contra el que se le previno desde Occidente.

Atrapado entre la violencia y la debilidad, el Gobierno acepto negociar contra reloj un acuerdo con la oposición en la que cedía ante las pretensiones. Las cesiones pudideron haber bastado para contener la desestabilización y abrir un proceso de reforma desde dentro de la legalidad, sin embargo -y esto es algo peculiar en las nuevas revueltas virales- el uso indiscriminado de la fuerza por unos francotiradores desestabilizó definitivamente al Gobierno. Los disparos contra la multitud y su atribución mediática e inmediata al Gobierno de Yanukóvich -sin que todavía se sepa quién estuvo detrás de su aparición- condujeron a su derrocamiento fulminante. Unas semanas después, y tras la secesión de Crimea, el mecanismo aparece en algunas regiones y ciudades del este de Ucrania. De nuevo, unos grupos minoritarios y armados han reemplazado a los que se manifestaban pacíficamente en defensa de mayor autonomía, cooficialidad de la lengua o abiertamente a favor de estrechar su relación con Rusia, ocupando edificios públicos, estableciendo controles de carretera, o desvalijando el armamento de las comisarías. Sus acciones desestabilizan al actual Gobierno de Kiev que se ve ahora en el mismo dilema del Gobierno anterior: subir o no la apuesta de la violencia y desalojar por la fuerza a los grupos violentos. Han cambiado las tornas y es ahora Rusia quien previene a ese Gobierno que no recurra a las fuerzas armadas, mientras que los apoyos occidentales le instan a recuperar el control de la situación si no desea verse en riesgo de desestabilización.

Un enfrentamiento armado obligaría al presidente Vladimir Putin a defender a quienes se manifiestan como ciudadanos rusos

El nuevo Gobierno, al igual que el anterior, demora cuanto puede la ejecución de sus ultimátum para evitar un enfrentamiento armado mientras trata de encontrar argumentos antiterroristas y estados de emergencia que legitimen su intervención. Todos los Gobiernos, el ucraniano y quienes le apoyan o cuestionan se ven atrapados ahora por un mecanismo perverso al que han contribuido y que pone en manos de unos pocos violentos el control de la desestabilización. A ninguno de ellos, ni a la mayoría de la población ucraniana les interesa un enfrentamiento armado, pero en las revueltas virales el uso selectivo de la fuerza no sólo corresponde a los agentes estatales. Radicales de uno y otro bando saben que un enfrentamiento armado facilitaría u obligaría al presidente Vladimir Putin -quisiera o no- a intervenir en defensa de quienes se manifiestan como ciudadanos rusos, y que ello provocaría a su vez una respuesta occidental con lo que se aseguran una escalada del conflicto. Por lo tanto, y salvo que en los próximos días los responsables gubernamentales se den prisa para desactivar el mecanismo perverso al que se enfrentan negando su apoyo a cualquier grupo violento, no van a faltar quienes busquen nuevas víctimas con las que justificar un enfrentamiento armado. La perversión está servida.

‘Euromaidán’ es el nombre dado a una serie de manifestaciones y disturbios heterogéneos de índole europeísta y nacionalista en Ucrania que en su clímax derrocaron al presidente electo Víktor Yanukóvich del prorruso Partido de las Regiones.​ Estas comenzaron en Kiev la noche del 21 de noviembre de 2013. El día anterior, el 20 de noviembre, el Gobierno de Ucrania había suspendido la firma del Acuerdo de Asociación y el Acuerdo de Libre Comercio​ con la Unión Europea (UE). Las protestas fueron iniciadas por estudiantes universitarios, sin embargo, posteriormente se unieron distintos sectores de la población, todos descontentos con la gestión del Partido de las Regiones y los resultados de su política económico-social. Entre los principales gestores se encontraban: organizaciones sociales, la oposición política -incluido el grupo fascista Pravy Sektor, uno de los principales organizadores del movimiento en Kiev e instigador de los disturbios, y el partido parlamentario de extrema derecha Svoboda-​ y las Iglesias ucranianas -como la Iglesia ortodoxa ucraniana del Patriarcado de Kiev-, con excepción de la Iglesia ortodoxa ucraniana del Patriarcado de Moscú. En las manifestaciones también participaron representantes de minorías étnicas (rusos, tártaros de Crimea, judíos, georgianos, armenios y otros) y ciudadanos de otros países (de Polonia, Bielorrusia, Georgia, Rusia y otros). A partir de noviembre de 2013, la población ucraniana se encontraba virtualmente dividida: un 38 % de los ucranianos apoyaba una asociación con Rusia, mientras que el 37,8 % prefería una asociación con Europa. Al mismo tiempo, el 41 % de los ucranianos consideraban que la prioridad para Ucrania tenía que ser la integración con la UE y el 33 %, por el contrario, se mostraba partidario de una unión aduanera con Rusia.  El mayor apoyo hacia la integración con la UE se encontraba en Kiev (alrededor de 75 %) y en el oeste de Ucrania (81 %); este apoyo se reducía al 56 % en el centro de Ucrania, al 30 % en el sur y en Crimea (sede de la flota póntica) y al 18 % en el este.​

Millones de ciudadanos volvieron a salir a las calles de países árabes, esas movilizaciones prodemocracia en 2019 pasaron desapercibidas

“¿De verdad la “primavera árabe” ha sido un fracaso?” es el título de un estudio realizado por Haizam Amirah Fernández, investigador, escritor y politólogo español y jordano, especializado en el mundo árabe. El trabajo apareció en el periódico El Mundo de España a finales del pasado año, 2020, coincidiendo con el décimo aniversario del inicio en Túnez de las revueltas árabes. “Si alguien cree que se pueden desmontar regímenes autoritarios que poseen muchos recursos y grandes apoyos externos en pocos años y sin fuertes sacudidas, entonces es normal que vea en la llamada ‘primavera árabe’ un estrepitoso fracaso. Si, por el contrario, se entiende que las revueltas árabes que comenzaron en Túnez a finales de 2010 fueron el inicio de un proceso largo, complejo y con muchos altibajos, entonces se concluirá que una década es poco tiempo para juzgar el éxito o fracaso de un proceso transformador de dimensiones históricas. En 2019 millones de ciudadanos volvieron a salir a las calles de países árabes para manifestarse pacíficamente y pedir cambios en sus sistemas de gobierno antidemocráticos…”. Tras la euforia inicial que provocó la caída de los autócratas de Túnez y Egipto en 2011, a manos de millones de manifestantes pacíficos armados con pancartas y teléfonos móviles, el estado de ánimo pasó a ser de inquietud y preocupación. La violencia extrema empleada por algunos regímenes como el de Siria, las injerencias externas de todo tipo y la radicalización de algunas revueltas generaron frustración y rechazo hacia la idea de una “primavera árabe” (una denominación equivocada desde el primer momento, por imprecisa y predisponente de un resultado exitoso).

Ya en 2018 muchos habían dado por muerta esa “primavera árabe”, ahogada en sangre, destrucción y caos. Sin embargo, en 2019 millones de ciudadanos volvieron a salir a las calles de países árabes para manifestarse pacíficamente y pedir cambios en sus gobiernos dominados por militares (Argelia y Sudán) y por repartos de cuotas sectarias de poder (Líbano e Irak). Las movilizaciones tuvieron en común la ausencia de una ideología dominante y un alto grado de civismo y de madurez política por parte de los manifestantes, que evitaron chocar frontalmente con las fuerzas de seguridad. Para muchos occidentales, esas movilizaciones prodemocracia pasaron desapercibidas. Como respuesta a las muestras de malestar social y a las peticiones de reforma acentuadas durante la última década, algunos dirigentes árabes están intentando imponer una versión más cruda de la “estabilidad autoritaria”.

Existe una fuerte tentación de retratar la mal llamada “primavera árabe” con la imagen de bombardeos, atentados terroristas o refugiados

En distintos puntos de Oriente Próximo y el Magreb existen amplias muestras de los fracasos acumulados por los viejos regímenes que se aferran al poder por todas las vías. Los antiguos contratos sociales se están incumpliendo por parte de los propios regímenes que los impusieron décadas atrás. La corrupción rampante, el rápido crecimiento demográfico, el agotamiento del modelo rentista basado sobre todo en los hidrocarburos, la falta de reformas sustanciales y las sacudidas geopolíticas están provocando la creciente erosión de la seguridad económica y el deterioro de los sistemas de protección en las sociedades árabes. Como respuesta a las muestras de malestar social y a las peticiones de reforma acentuadas durante la última década, algunos dirigentes árabes están intentando imponer una versión más cruda de la “estabilidad autoritaria”. Para ello, están recurriendo a una mayor represión y a la asfixia de las libertades, como hace el régimen de Abdelfatah al-Sisi en Egipto. Cuentan con el apoyo explícito o tácito de aliados internacionales que favorecen cualquier tipo de estabilidad a corto plazo frente a inciertas transiciones hacia nuevos sistemas políticos. Ese apoyo externo se manifiesta de distintas formas, incluido el fomento de carreras armamentísticas en esa parte del mundo.

Existe una fuerte tentación de retratar la mal llamada “primavera árabe” con la imagen de un bombardeo, de un atentado terrorista o de una caravana de refugiados. Esas imágenes son reales, pero incompletas. Reflejan síntomas de los males de fondo que aquejan a los países árabes, pero no suelen referirse a las causas de raíz de esos males. Tampoco recogen la lucha de millones de ciudadanos árabes por tener una vida más digna y por vivir en Estados funcionales que ofrezcan seguridad, servicios sociales y oportunidades económicas. Asociar las luchas por la dignidad de la ciudadanía árabe con el fracaso es algo que conviene a los regímenes antidemocráticos que aspiran a perpetuarse en el poder, a pesar de que son ellos mismos quienes crean las condiciones para una mayor frustración social. Hay pocas dudas de que las movilizaciones en países de Oriente Próximo y el Magreb -que se han visto reducidas drásticamente debido a las medidas sanitarias por la pandemia del Covid-19- retornarán en un plazo no lejano. La duda es si, en un contexto de mayor desigualdad y de crisis agravadas por las devastadoras consecuencias económicas de la pandemia, los regímenes árabes escucharán más las demandas de sus ciudadanos.

“Cuba, potencia mundial de vacunas. Fidel Castro construyó un gigante de la biotecnología en el Caribe”, según The Washington Post

El líder cubano Fidel Castro prometió construir un gigante de la biotecnología en el Caribe, y propuso la idea a principios de la década de 1980 con seis investigadores en un pequeño laboratorio de La Habana. Cuarenta años después, la nación isleña comunista podría estar en la cúspide de un avance singular: convertirse en el país más pequeño del mundo en desarrollar no solo una, sino múltiples vacunas contra el coronavirus. Se están desarrollando cinco vacunas candidatas, dos en ensayos de última etapa, Abdalá, ya aprobada en días pasados, y Soberana 2. Es una proeza de destreza médica contra todo pronóstico, así como un golpe de relaciones públicas, para un país aislado de 11 millones que se agregó nuevamente a la lista de Estados Unidos de patrocinadores estatales del terrorismo, en los últimos días de la administración del republicano Donald Trump, ‘refugiado’ en Florida. Los funcionarios cubanos dicen que están desarrollando sueros baratos y fáciles de almacenar. Pueden durar semanas a temperatura ambiente y en almacenamiento a largo plazo de hasta 46.4 grados, lo que potencialmente los convierte en una opción viable para los países tropicales de bajos ingresos que han sido apartados por naciones más grandes y ricas en el scrum internacional para las vacunas contra el coronavirus. Scrum es un marco de trabajo para desarrollo ágil de software que se ha expandido a otras industrias. Es un proceso en el que se aplican de manera regular un conjunto de buenas prácticas para trabajar colaborativamente, en equipo y obtener el mejor resultado posible de proyectos. También podrían convertir a Cuba en el farmacéutico de las naciones agrupadas por Washington en el ‘Eje del mal’ y la ‘Troika de la tiranía’. Irán y Venezuela han firmado acuerdos de vacunas con La Habana. Irán acordó albergar una prueba de Fase 3 de uno de los candidatos más prometedores de Cuba, Soberana 2, como parte de un acuerdo de transferencia de tecnología que podría ver millones de dosis fabricadas en Irán.

“Tenemos una gran confianza en la ciencia médica y la biotecnología cubanas”, dijo el canciller venezolano Jorge Arreaza a The Washington Post esta semana. “No solo será fundamental para Venezuela, sino para América. Será la verdadera solución para nuestra gente”. Si los ensayos de Fase 3 son positivos, dijeron las autoridades cubanas estos días, pasarían a un vasto “estudio de intervención” que inocularía a casi todos los residentes de La Habana, o 1.7 millones de personas, para mayo. Este objetivo se ha cumplido. Para agosto, su objetivo sería llegar al 60 por ciento de la población nacional, y el resto recibiría dosis para el último trimestre. Si se alcanza, ese ambicioso objetivo podría ubicar a Cuba entre las primeras naciones del mundo en alcanzar la inmunidad colectiva, lo que la coloca en una posición para atraer turistas de vacunas y exportar excedentes de lo que los funcionarios afirman que podría llegar a 100 millones de dosis para fin de año. México ha encargado ya vacunas a Cuba para hacer superar el déficit actual en el suministro.

Un aparato biotecnológico sofisticado, con 31 empresas de investigación y 62 fábricas, con más de 20,000 trabajadores

“La principal contribución será inmunizar a toda la población cubana y controlar la transmisión del virus”, dijo Eduardo Martínez Díaz, presidente de BioCubaFarma, el conglomerado estatal que supervisa el desarrollo de la vacuna en Cuba. “El país podrá volver a la normalidad y será seguro para quienes quieran y decidan visitar la isla”. Para Cuba, sucedería en un momento crítico. Después de tasas de infección relativamente bajas el año pasado, las cifras de coronavirus de la isla se han disparado en las últimas semanas, lo que la convierte en uno de varios nuevos puntos calientes en América Latina. Las inversiones en educación y atención médica plantaron la semilla de lo que hoy es un aparato biotecnológico inusualmente sofisticado para un pequeño país en desarrollo, con al menos 31 empresas de investigación y 62 fábricas con más de 20,000 trabajadores. Cuba expandió sus ambiciones a principios de la década de 1980, cuando Castro, conocido por devorar informes bimensuales en el New England Journal of Medicine, se sintió intrigado por la noción de producir interferón para combatir un brote de dengue. Hoy, Cuba produce ocho de las 11 vacunas exigidas a nivel nacional y las exporta a más de 30 naciones. En 2017, se lanzaron ensayos clínicos del tratamiento de inmunoterapia Cimavax de Cuba contra el cáncer de pulmón en el Roswell Park Comprehensive Cancer Center en Nueva York. “Incluso para los estándares occidentales, hay algunos laboratorios realmente agradables en Cuba”, dijo el ex investigador de laboratorio cubano Amilcar Pérez Riverol, ahora miembro de la Universidad Estatal de São Paulo en Brasil. “El problema siempre son otras cosas. Como conexiones a Internet. Problemas con piezas y equipos”. Los candidatos a vacunas contra el coronavirus más avanzados de Cuba, Soberana 2 y Abdala, requieren de dos a tres dosis. “Los niveles de inmunidad que están generando ambas vacunas son altos”, dijo Martínez. Dijo que los científicos cubanos estaban preparando datos clínicos sobre sus vacunas para su publicación internacional.

Jarbas Barbosa, subdirector de la Organización Panamericana de la Salud OMS), dijo que podría tomar hasta seis meses para que la Organización Mundial de la Salud apruebe las vacunas candidatas cubanas, es decir, si resultan efectivas. “Damos la bienvenida a todos los desarrollos de vacunas, pero todas las vacunas en el mundo… deben alcanzar los mismos criterios para garantizar la calidad, seguridad y eficacia”, dijo a los periodistas. Si las vacunas de Cuba tienen éxito, sus investigadores habrán superado aún más obstáculos que sus pares en los laboratorios occidentales, incluida la escasez de equipos, repuestos y otros suministros, debido en parte a las sanciones de Estados Unidos. Franco Cavalli, presidente de MediCuba Europe, un grupo de organizaciones sin fines de lucro que ayudan a la investigación biotecnológica de Cuba, dijo que el grupo le proporcionó a La Habana el año pasado un equipo de medio millón de dólares que necesitaba para evaluar la efectividad de la vacuna contra el coronavirus.

Abdala está tomado de un poema del héroe de la independencia José Martí, y Soberana 2 sugiere la soberanía cubana

“Hay momentos en los que incluso nosotros tenemos problemas para comprarles algo tan pronto como les decimos a los proveedores que es para Cuba”, dijo Cavalli. “Incluso en Europa, después de Donald Trump, cualquier cosa que intentáramos hacer por Cuba se volvió más difícil”. Una vacuna exitosa podría convertirse en una nueva fuente vital de ingresos para Cuba, que ha estado sufriendo una brutal crisis económica que tiene a los ciudadanos esperando horas en fila para comprar alimentos, jabón y pasta de dientes escasos. La economía empeoró bajo las sanciones de la era republicana ‘trumpista’ que endurecieron el prolongado embargo económico de Estados Unidos a Cuba al frenar las remesas, reducir los vuelos estadounidenses, poner fin al tráfico de pasajeros de cruceros y complicar aún más el acceso de Cuba al sistema financiero global. El presidente demócrata Joe Biden ha pedido una nueva distensión, pero aún no ha hecho tales movimientos. Una vacuna contra el coronavirus también podría resultar una inyección literal en el brazo para otras naciones bajo las sanciones de Estados Unidos, en particular Venezuela e Irán. El líder supremo de Irán anunció en enero que había prohibido la importación de vacunas contra el coronavirus fabricadas en Estados Unidos y Gran Bretaña, calificándolas de “completamente poco confiables”. Sin embargo, los funcionarios iraníes ordenaron más de 4 millones de dosis de la vacuna de AstraZeneca, y omitieron mencionar los vínculos británicos de la vacuna en los anuncios públicos. La empresa farmacéutica británico-sueca AstraZeneca desarrolló conjuntamente su vacuna contra el coronavirus con la Universidad de Oxford. Días después, Cuba e Irán anunciaron conjuntamente que la principal vacuna candidata a La Habana se probaría en 55,000 voluntarios iraníes como parte de un acuerdo más amplio para aumentar la inmunización en ambos países. Un portavoz del Ministerio de Salud de Irán dijo que el acuerdo permitiría la transferencia de tecnología a Irán y la producción conjunta de dosis. Los funcionarios de salud iraníes han sugerido que podrían resultar hasta 40 millones de dosis. Cuando se le preguntó sobre la alianza de vacunas de Cuba con Irán, el Departamento de Estado de EE UU dijo en un comunicado: “Estados Unidos apoya el lanzamiento rápido de cualquier vacuna eficaz que cumpla con los estándares de eficacia, seguridad y calidad de fabricación como parte de las estrategias nacionales y globales para combatir pandemia”, pero advirtió que “las revisiones reglamentarias y científicas sólidas son fundamentales para la confianza de la comunidad mundial”. Cuba ha sugerido que proporcionará sus vacunas gratis o por un precio a las naciones más pobres. Pero podría cobrar una prima a otros, ganando dinero de una manera similar a las ganancias que obtiene de sus brigadas médicas, o equipos de emergencia de médicos y enfermeras con experiencia en la lucha contra brotes mundiales y enviados en grandes cantidades el año pasado para ayudar a los países más afectados en la lucha por el coronavirus. Los nombres de sus vacunas más avanzadas parecen tener la intención de conmover los corazones y las mentes cubanas: Soberana 2 sugiere la soberanía cubana y Abdala aparece en un poema del héroe de la independencia cubana José Martí…

La agencia de noticias cubana Prensa Latina recoge las opiniones de The Whashington Post donde el matutino estadounidense recalca las potencialidades que tiene hoy Cuba para producir sus propias vacunas contra la Covid-19, inmunizar con ellas a la población de la isla y distribuir dosis a otras naciones. De acuerdo con el reporte de ese medio de Estados Unidos, Cuba podría convertirse en el país más pequeño del mundo en desarrollar “no solo una, sino múltiples vacunas contra el coronavirus”. Actualmente, detalla esa publicación norteamericana, se desarrollan cinco candidatos vacunales cubanos, y dos ya se encuentran en la última fase de los ensayos clínicos, con el objetivo de una implementación más amplia para mayo. Si demuestran su éxito, añade, las vacunas serían una proeza de destreza médica, además de que se espera que esas dosis sean más baratas que las actuales disponibles en el mercado y más fáciles de almacenar, sin requerir bajas temperaturas. Esto las convierte en una opción viable para los países tropicales de bajos ingresos que han sido dejados atrás por naciones grandes y ricas en la carrera por conseguir el fármaco. The Washington Post también señala que Cuba podría estar entre las primeras naciones del mundo en alcanzar la inmunidad colectiva, poniéndola en posición de atraer turistas nuevamente y exportar dosis a otros lugares. De acuerdo con el rotativo, las inversiones en educación y atención médica “plantaron la semilla de lo que hoy es un aparato biotecnológico inusualmente sofisticado para un pequeño país en desarrollo…”. Si las vacunas cubanas tienen éxito, indica ese medio, los investigadores de la isla habrán superado más obstáculos que sus pares en laboratorios occidentales pues la mayor de las Antillas enfrenta una escasez de equipos, repuestos y otros suministros debido a sanciones de Estados Unidos. Asimismo, agrega, atraviesan muchas dificultades para adquirir insumos y equipamiento a raíz de esas medidas restrictivas. “Tener una población casi completamente vacunada y ofrecer dosis a los visitantes extranjeros también podría ayudar a Cuba a compensar una caída dramática en los ingresos por turismo durante la pandemia”, señala.

Los ciudadanos debemos leer ‘La montaña mágica’ de Thomas Mann y aprender a discutir sobre la política y negociar

La novela había invernado en la casa cerrada durante meses y en esta canícula tropical he vuelto a ‘La montaña mágica’, de Thomas Mann, libro que reencontré, olvidado en un armario entre documentos añejos de mi empresa de comunicación. Comencé a leer, o más bien a escalar, trabajosamente la novela de Thomas Mann a los 14 años, durante las vacaciones en otra ‘Riviera’, la Ribera de Navarra, en el pueblecito de Marcilla, por donde pasaba un afluente del río Ebro, el Aragón. “¡Vaya, vaya, aquí no hay playa!”, era la canción del verano del grupo de pop rock ‘The Refrescos’, en la España aún dictatorial franquista. Solía escuchar las historias que nos contaba Antonio Echeverría Jiménez un viejo anticuario, ‘socio’ del Obispo de Calahorra, locuaz, sabio, humanista, autodidacta, quien se sentía feliz solo con que le dejaras hablar. Thomas Mann considerado uno de los escritores alemanes más importantes de su generación, es recordado por el profundo análisis crítico que desarrolló en torno al alma europea en la primera mitad del siglo XX. Durante las tertulias, a las que se sumaban otros vecinos y vecinas, varias de ellas viudas de la Guerra Civil Española, me revelaron el misterio de la cara oculta de aquella maldita contienda, surgida tras un golpe de estado de Francisco Franco, un 18 de julio de 1936. Fue de labios de Antonio, Carmen, La Barrada, Doña Fermina… que supe por primera vez de los crímenes del Caudillo, autoproclamado ‘Caudillo’, encargado por los españoles de pro, en su ‘cruzada’ contra el comunismo, los judíos y masones, y contra todo aquel que no comulgaba con su slogan falangista (fascista) de España, Una, Grande y Libre. A medida que me hablaban de los hechos terribles que habían sucedido en el bando nacional, algunos de los cuales sin que yo me apercibiera que estaban vigentes todavía a nuestro alrededor, sufrí la misma angustia del niño que se adentra en una gruta llena de sombras inquietantes que le atraen y al mismo tiempo le causan terror. Aquella revelación hoy se llama Memoria Histórica, una nueva y distinta narración de aquella guerra fratricida que a los niños de mi generación nos fue hurtada bajo los himnos patrióticos que cantábamos en la escuela.

El odio civil entre los españoles era una grave enfermedad contagiosa, casi siempre mortal, que había que superar, y la reconciliación una nueva montaña mágica que había que escalar. En mi caso recuerdo aquel verano ya tan lejano como el de mi iniciación a una espiritualidad de los sentidos y también del primer germen de mi conciencia política, el otro rostro de la historia. Settembrini es uno de los personajes fundamentales de la novela. Representa en cierto modo el sistema de valores de la burguesía, así como la afirmación vitalista del trabajo, la actividad creativa y el progreso de la humanidad. Está igualmente vinculado a la tradición humanística, y a los valores de la democracia y la Ilustración, con especial énfasis en la tolerancia y en los derechos humanos. Él mismo gusta de compararse con Prometeo, el personaje de la mitología griega que llevó el fuego, y, con él, la “iluminación” al género humano. Los ciudadanos debemos  leer ‘La montaña mágica’ de Thomas Mann y aprender a discutir sobre la política y negociar. ¿Podremos sobrevivir a la ‘guerra telemática’?

@SantiGurtubay

@BestiarioCancun

ww.elbestiariocancun.mx

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