La prosperidad de Bacalar está significando también el fin de su principal recurso natural

Foto: Encuadre político

Si en los últimos cinco años cada vez más gente elegía a Bacalar como su espacio favorito para descansar, demandando servicios que ya presionaban el frágil ecosistema local, con los recientes anuncios de millonarias obras enfocadas a embellecer y atraer aún más turistas, la situación no hará más que empeorar. Los empresarios y comerciantes están de plácemes por obvias razones, pues esto traerá más ingresos para las familias, pero el cuerpo de agua dulce superficial más grande de la Península de Yucatán, que aún no logra recuperar sus colores característicos, estaría a punto de pagar las consecuencias de su sobreexplotación. Y quienes buscan protegerla, incluso tratando de convertirla en un Área Natural Protegida, también podrían tener intereses ocultos, pues, según denuncian quienes están en contra, intentarían concentrar su administración y tener la autorización para cobrar por ingresar a la laguna. Con legisladores del Partido Verde promoviendo esta conversión, esa posibilidad no es del todo descabellada. Las autoridades buscan el beneficio de los habitantes de la zona, pero siguen ignorando las consecuencias que estas inversiones y proyectos traerán, pues a mayor desarrollo también aumenta el crimen, la drogadicción y el despojo de terrenos. 

Javier Ramírez

Bacalar está a punto de vivir su mejor momento turístico, gracias a las inversiones públicas y privadas, en conjunto con próximos proyectos como el Tren Maya y la llegada del vuelo Miami-Chetumal-Miami en diciembre próximo.

Sin embargo, la ambición de varios empresarios, ejidatarios y autoridades han ocasionado que la Laguna de Bacalar, el principal atractivo turístico del Municipio, esté sufriendo una muerte prematura. Negocios irregulares, sobreexplotación forestal, invasiones y despojos de tierras son algunos de los varios problemas que necesitan ser atajados antes de que la llegada de visitantes e inversionistas aumente y termine por dañar aún más el delicado equilibrio ambiental.

Millonaria inversión pública

Como parte del Programa de Mejoramiento Urbano (PMU) para embellecer varios de los sitios por donde pasará el Tren Maya en la Península de Yucatán, se erogarán alrededor de mil 400 millones de pesos para construir, por ejemplo, un nuevo palacio municipal y un mercado en Calakmul, Campeche; la renovación del mercado “Víctor Cervera Pacheco” y la construcción de una Casa de la Cultura en Valladolid, Yucatán, y la remodelación del balneario municipal “El Aserradero” y la construcción de un ecoparque, entre otras obras más, en Bacalar, Quintana Roo.

La Manifestación de Impacto Ambiental (MIA) para los dos principales proyectos para el Municipio de Bacalar fueron ingresados ante la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) con los nombres “Renovación de Espacio Público y Cívico, con Muelle a la Laguna, Balneario Municipal de Bacalar”, bajo el número 23QR2021TD050. El segundo, identificado con el número 23QR2021TD049, se denomina “Ecoparque Bacalar”.

Este último ya fue aprobado y entregado a la empresa “Inmobiliaria y Desarrollos Constructivos Zenith”, y ocupará un área de aprovechamiento de 3 mil 365 metros cuadrados dentro de una superficie total de 53 mil 668.42 metros cuadrados. La inversión será de 22.3 millones de pesos y contará con un andador de 800 metros lineales de madera de chicozapote e infraestructura para la recepción de visitantes, taquilla, sanitarios, laboratorio, sala de reuniones y estacionamiento de 17 cajones. Recibiría hasta 2 mil visitantes al día.

Por su parte, la renovación del balneario municipal “El Aserradero” incluye la renovación de espacios recreativos públicos, la construcción de una alberca, áreas de servicios, y tres muelles. El área de aprovechamiento es de 5 mil 666.93 metros cuadrados, dentro de una superficie total de 11 mil 950 metros cuadrados. Todo con una inversión de 23 millones 657 mil 636 pesos.

Quintana Roo también ha destinado parte de los 820 millones de pesos del financiamiento aprobado este año para realizar obras de remodelación en el Municipio, principalmente en la Costera, que presenta serios daños. Asimismo, se está concluyendo con los trabajos de introducción de drenaje sanitario, en beneficio de más de tres mil habitantes de la cabecera municipal y de la laguna misma, que durante décadas se vio afectada por las aguas negras.

Inversión privada, también

A principios de este mes de julio, un grupo de inversionistas presentó ante la Semarnat un Documento Técnico Unificado para tramitar el cambio de uso de suelo en un predio de 8.22 hectáreas entre Xul-Ha, en el Municipio de Othón P. Blanco, y Bacalar, para construir un resort de gran turismo denominado “Karma Hotel”.

De acuerdo con el documento, se trata de una inversión de 10 millones 787 mil 324 dólares con el que se pretende construir un hotel de lujo a orillas de la laguna de Bacalar, con 52 suites, gimnasio, lobby, zona grill, alberca, muelle, zona lounge y canchas de paddle, entre otras comodidades, para gente mayor de alto poder adquisitivo, que privilegia la privacidad y la calidad del paisaje.

El proyecto reconoce que en esa zona existen varias especies vegetales de importancia, como la Piscidia piscipula y Bursera simaruba, humedales y mangles dispersos, así como 12 especies de aves, por lo que prevé construir un muelle circular con pilotes bajo el agua para evitar que huéspedes y trabajadores ingresen al área de humedal.

La empresa “Karma Hotel, S.A. de C.V.” informó que se habilitarán 20 fuentes de empleo permanentes para operar el complejo, además de que cerca de 50 personas más trabajarán temporalmente durante los tres años que duré la obra de construcción.

Retos a corto plazo

Con todas estas obras, así como el recientemente anunciado vuelo Miami-Chetumal-Miami, los hoteleros y comerciantes esperan que, finalmente, se terminen las temporadas bajas para ellos, pues serán más los turistas que apuesten por viajar directamente al sur de la entidad, en lugar de llegar primero o solamente a los sitios turísticos del norte y del centro.

Sin embargo, en lo que esto sucede, aún tienen retos que afrontar, empezando por las medidas que actualmente restringen tanto el aforo como el contrato de personal para las vacaciones de verano, así como el hecho de que varios prestadores de servicios -principalmente quienes se anuncian en las plataformas digitales- no han certificado sus empresas y negocios para el cumplimiento tanto de las obligaciones fiscales ante la Secretaría de Finanzas y Planeación (Sefiplan), como de las disposiciones sanitarias que necesitan cumplirse para proteger a trabajadores y clientes frente al Covid-19.

Además, varias partes de la laguna siguen sin recuperar sus tradicionales colores tras los estragos causados por las tormentas tropicales y huracanes que golpearon el año pasado la Península, así como por las malas prácticas turísticas y de agricultura, pues cada vez son más las lanchas que navegan por los 60 kilómetros de largo de esta, contaminándola poco a poco. Ni hablar del uso de pesticidas, sustancias químicas y la deforestación de la selva por parte de agricultores -menonitas, principalmente- de la región. La difusión a nivel internacional que tuvieron los colores oscuros de la laguna fue factor el año pasado para que muchos turistas dejaran de llegar al Municipio, por lo que hoy los turisteros trabajan para revertir la mala imagen, recordándole al visitante que, a diferencia de muchas de las playas del Estado, Bacalar no es afectada por el sargazo.

Presa de la ambición de habitantes y autoridades

Con el ‘boom’ turístico obtenido en estos últimos cinco años, Bacalar se ha ido posicionando como uno de los destinos favoritos de los turistas tanto mexicanos como extranjeros, pero con este éxito también han llegado los males propios del crecimiento poblacional: al no contar con la infraestructura para dar acogida a tantos visitantes, el 80 por ciento de los desechos generados en este lapso desembocaron o se filtraron a la laguna. El Gobierno del Estado está trabajando para afrontar este problema mediante la introducción de una red de drenaje, pero esto podría llegar demasiado tarde.

Además, está el hecho de que se ha incrementado el número de embarcaciones y hostales sin registro, lo que impide a las autoridades detectar si cumplen con los estándares de calidad y seguridad. Y es que cada vez más propietarios de estas casas ‘privilegiadas’” por su cercanía al agua ofrecen en redes sociales y en plataformas como Airbnb sus servicios como centro de descansos para grupos de entre 10 y 20 personas, por precios que oscilan los 10 mil pesos diarios. Y aunque varias veces han sido denunciadas por la descarga de aguas negras a la laguna, vuelven a abrir sus puertas tras pagar multas de entre 10 mil y 35 mil pesos.

Diversas agrupaciones, entre ellas “Amigos de Sian Ka’an”, funcionarios de la Semarnat y legisladores del Partido Verde Ecologista, han estado promoviendo convertir a la Laguna de Bacalar en un Área Natural Protegida (ANP) para evitar que el progreso termine “matando” el cuerpo de agua dulce superficial más grande de la Península de Yucatán. Sin embargo, empresarios, ejidatarios y propietarios de terrenos en la costa se han opuesto rotundamente asegurando que los mencionados grupos tienen intereses ocultos en el tema, además de que hacerlo frenaría el desarrollo de la zona sur de la entidad. Aseguran que sólo basta con utilizar los instrumentos que regulan el crecimiento rústico sustentable para detener el deterioro de la laguna, así como normar las actividades agropecuarias e impulsar un programa de reforestación que permita detener la llegada de los sedimentos provenientes de las montañas de Campeche.

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