El diálogo de sordos de los políticos ante la tragedia que amenaza al país…

La cosa pública

Por José Hugo Trejo

Cuando estamos por entrar a la fase más álgida de contagios por el coronavirus Covid-19, con su secuela de más enfermos graves y más muertes de contagiados, y luego de que la economía mundial se encuentra seriamente vulnerada, y con ella la de naciones tan frágiles financieramente como la nuestra, los políticos de nuestro país se enfrascan en un “diálogo de sordos” en el que parecen prevalecer dos apuestas muy distintas y enfrentadas entre sí, para la supervivencia política de las fuerzas en disputa pase lo que pase con el país.

         Una de esas apuestas es sobre la que están montados los adversarios políticos del Gobierno que encabeza Andrés Manuel López Obrador con su partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), a quienes parece haberles caído como “anillo al dedo” la crisis sanitaria de la pandemia del Covid-19 y sus gravísimas secuelas económicas, para fustigar recurrentemente y sin pausa las posturas políticas y dichos presidenciales, así como las acciones tomadas por el Gobierno para enfrentar la difícil coyuntura nacional.

         Esa apuesta de los adversarios del Gobierno de la 4T, es por el fracaso rotundo de la estrategia gubernamental, tanto en lo sanitario como en lo económico, para enfrentar los efectos de la pandemia. Por lo que esperan los opositores del Gobierno Federal de Morena, que en el país se registren millones de infectados, que colapsen la de por sí limitada capacidad hospitalaria y se desborde el problema al generarse un caos que provoque decenas si no es que cientos de miles de muertos por el coronavirus Covid-19. Para así cobrarle la factura a López Obrador y exhibirlo, como lo vienen haciendo ya, como el mayor culpable de la tragedia humanitaria y económica que se cierne sobre México.

         Esa es la mayor apuesta de todos los que se sienten afrentados por la llegada de López Obrador a la Presidencia de la República y por las acciones de Gobierno tomadas durante su primer año de gestión. Hasta diciembre pasado no tenían tan clara la posibilidad de desbancarlo de sus altos índices de aprobación, pese a la intensa labor de zapa que venían realizando, explotando los yerros verbales de las mañaneras presidenciales, los operativos fallidos contra las grandes bandas del narcotráfico y el crimen organizado, la terquedad del presidente por rescatar a Pemex de la quiebra financiera y de la ruina en que dejaron sus instalaciones los Gobiernos que lo precedieron y de los que ellos formaron parte; sus propósitos, “tercos” también, de dotar de infraestructura ferroviaria al sureste del país con el Tren Maya, su cancelación del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México, que a estas alturas ya fuera inviable financieramente con la crisis petrolera que llegó a sumársele a sus adversarios, sus polémicas consultas populares y muchas otras medidas que han afectado intereses de todo tipo, hasta legítimos por los daños indirectos o colaterales que generan.

         Pero a esos adversarios se les presentó en enero, desde China, la pandemia del Covid-19, con todo lo que ha entrañado hasta ahora en la vida de las personas, en su economía y en la del país entero. Y desde entonces no han desaprovechado oportunidad alguna para descalificar todo lo realizado por el Gobierno federal de la 4T, a sabiendas de que la dimensión y la gravedad de la infección mundial del nuevo coronavirus, sus efectos económicos y humanos le dan a su apuesta un 100 a 1.

         Están pues, esos adversarios del Gobierno de López Obrador, seguros de ganar la apuesta. Por eso simulan condescendencia y preocupación, llamando al diálogo, a la concordia y a la unidad, con sendas cartas públicas, –“la forma es fondo y el medio es el mensaje” dijo McLuhan–, y ofrecen colaboración siempre y cuando acate lo que ellos quieren y deje de hacer lo que planeo su Gobierno porque todo está mal hecho. Que retire su apuesta pues.

         Primero fue la carta de los exsecretarios de Salud Guillermo Soberón, Julio Frenk, Mercedes Juan López y José Narro Robles, entre otros, el 27 de marzo, “Por la salud de todos, Actuemos!, mediante la que se ofrecen a sumarse a las tareas del combate al Covid-19, pero primero descalifican todo lo realizado por el Gobierno lopezobradorista, lo que deja claro que su intención no fue la de sumarse sino la de promocionar las fallas y omisiones que ellos consideran está cometiendo su presunto destinatario del condescendiente mensaje.

         Luego fue la carta abierta que publicó el 7 de abril el senador Dante Delgado Rannauro dirigida a López Obrador llamándolo a recapacitar y a construir acuerdos, no sin decirle antes que es terco y que está llevando al país al desastre.

         Y apenas el pasado domingo 19 de abril, los coordinadores de las bancadas del PAN, PRI, PRD y Movimiento Ciudadano, publicaron otra carta, “México nos necesita a todas y todos”, dirigida también al presidente López Obrador, mediante la que le hacen “un llamado a la concordia, a terminar con las descalificaciones, las denostaciones, las imposiciones… “ y le reiteran su “voluntad política para construir”, pero le anuncian que no acudirán a la sesión del Senado a las que se les convocó para la deliberación y aprobación de la Ley de Amnistía para determinados presos que corren riesgo sanitario en las prisiones, si no gira instrucciones para discutir “la estrategia de salud implementada para enfrentar el Covid-19…” y otras medidas tendientes a paliar la crisis económica y apoyar a la planta productiva del país.

         Es por demás obvio que ninguna de las cartas públicas mencionadas, aunque estén dirigidas al Presidente López Obrador, lo tienen a él como destinatario auténtico. Ni su intención tiene que ver con la búsqueda de armonía política, unidad o cualquier otro fin noble. Son propaganda simulada e hipócrita dirigida a la sociedad para denostar a quien según los remitentes quieren ayudar a hacer mejor las cosas, a ser presidente y no candidato.

         Así difícilmente los oirán. Ellos lo saben, pero eso es lo que menos les interesa. Porque su apuesta ya la hicieron a favor del fracaso del actual Gobierno y de la tragedia nacional.

         Mientras que el Gobierno de López Obrador, con las limitaciones financieras del país, la pandemia del Covid-19 y sus secuelas económicas y el derrumbe de los precios del petróleo, le apuesta a algo más que un milagro…

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