Los Sanfermines, paralizados por primera vez en su historia

Pinceladas

“Nunca he visto a un hombre atrapar, no solamente a las fiestas más famosas del mundo, las que se celebran en julio en Pamplona, Navarra, en el País Vasco de España, descritas por el escritor norteamericano Ernest Hermingway en su novela ‘Fiesta’, sino al mundo entero en la palma de su mano de esa forma”. Así describe Peter Freestone, asistente personal del cantante británico (Tanzania, 1946 – Londres, 1991) todo lo que sucedió hace 34 años en el estadio de Wembley, de Londres, en Inglaterra. El concierto pasaría a la historia de la música y de la cultura popular: el mundo dejó de girar durante tres horas y toda una generación asociaría para siempre al cantante de Queen con esa chaqueta amarilla, ese mostacho y ese éxtasis musical casi religioso… Además de esos 180 minutos de ‘suspensión’ de los ‘Sanfermines’, hubo tres interrupciones antes del Covid-19, la última vez, en 1997 por el asesinato de Miguel Ángel Blanco, secuestrado y ultimado por la organización terrorista ETA. No habrá chupinazo el día 6 de julio, ni emocionantes encierros por las calles de Pamplona, ni corridas de toros. No saldrá San Fermín en procesión junto a los Gigantes y Cabezudos, ni el 14 los pamploneses entonarán el ‘Pobre de mí’. Ya lo cantaron algunos al conocer que el Ayuntamiento de Pamplona se ha visto obligado a posponerlos hasta el próximo año 2021. Es la primera vez en la historia que las fiestas de Pamplona se cancelan por una pandemia, porque en 1918, año de la ‘gripe española’, sí que hubo festejos.

Santiago J. Santamaría Gurtubay

Durante la Guerra Civil, que estalló justo después de los Sanfermines de 1936, se suspendieron las fiestas de 1937 y 1938. En 1939, los pamploneses las recobraron con gran alegría. “El repique general de campanas, los disparos de cohetes y el recorrido de varias bandas de música por las calles de !a ciudad, abrieron ayer el período oficial de las fiestas de San Fermín. La animación es extraordinaria por la gran afluencia de forasteros, que han venido a compartir con nosotros estos días”, contaba el cronista de ABC. “Varios generales, como el italiano Gino Palgabini, García Valiño o el general Martín Alonso, ministro de Justicia, y el de Industria y Comercio, se acercaron hasta Pamplona esos días de vuelta de la guerra en los que restañaba Navarra sus heridas. Las fiestas continuaron celebrándose ininterrumpidamente hasta que en 1978 un trágico suceso conmocionó de nuevo a la ciudad…”. Ya en el inicio de las fiestas, Vicente Zabala, crítico taurino de ABC, advertía que ésa no era su Pamplona. La ciudad “está triste, muy triste, rumia preocupaciones, está enferma de inquietudes y sobresaltos. No seré yo quien meta de contrabando la política en una crónica de toros. No tengo madera de contrabandista, ni mucho menos de político. Lo malo es que la política sí ha salpicado a las fiestas sanfermineras, las ha entristecido y puede terminar por arruinarlas”, vaticinaba.

“El ‘chupinazo’ se había tenido que lanzar desde el balcón del primer piso del Ayuntamiento porque la segunda planta estaba ocupada por ocho encerrados en huelga de hambre que pedían la amnistía con gritos de ‘Presoak kalera’ y ‘Presoak etxera’ (presos a la calle, presos a la casa) y la Policía había entrado a la cárcel de Pamplona para restablecer el orden por un motín…”, describe el periódico conservador español ABC. “La tensión siguió en aumento y el 8 de julio se desató en enfrentamientos en la plaza de toros y en las calles. Pamplona se ha convertido en un campo de batalla, con varios centenares de manifestantes que han intentado el asalto al Gobierno Civil, tras los incidentes lamentables producidos en la misma plaza de toros al término del festejo. La situación amenaza con la suspensión de las fiestas de San Fermín. Numerosos heridos (algunos de ellos por arma de fuego) y una gran confusión y algarabía son el resumen de los enfrentamientos. De madrugada llegaron a Pamplona destacamentos antidisturbios de refuerzo para restablecer el orden”, resumía Miguel Ángel Nieto en su crónica. Poco después se sabía que uno de los heridos había fallecido en el hospital provincial de Navarra. La víctima era un joven de 23 años, Germán Rodríguez, que había ingresado con una herida de bala en la cabeza y aunque fue operado de urgencia, murió alrededor de las dos de la madrugada.

Los incidentes continuaron durante la noche. No hubo encierro, la corrida fue suspendida y la fiesta quedó paralizada por los disturbios. Los mozos de las peñas decretaron luto de 48 horas por la muerte de Germán Rodríguez y después de su funeral, tras la manifestación silenciosa que finalizó donde había caído Germán, algunos participantes volvieron a gritar frases contra las fuerzas de orden público y se produjeron nuevos enfrentamientos. Las peñas se negaron a participar en los festejos de San Fermín si no se cumplían sus requisitos que se basaban, principalmente, en la retirada de la Policía Armada de la ciudad y la dimisión del gobernador civil y del ministro del Interior. El 11 de julio, el Ayuntamiento anunciaba oficialmente que quedaban suspendidas de modo definitivo las fiestas de San Fermín de 1978. España estaba inmersa en su ‘Transición Democrática’ donde las autoridades no entendían más que lanzar a las ‘Fuerzas de Orden Público’ y disparar con fuego real a los manifestantes. Ninguno de ellos portaba arma alguna en el coso taurino. Los únicos armados fueron los ‘grises’ -hoy Policía Nacional transformada y educada en los ‘principios democráticos’ de un Estado de Derecho.

Dos décadas después, en mitad de los Sanfermines, el secuestro de Miguel Ángel Blanco por parte de la banda terrorista ETA alteró el transcurso de las fiestas de 1997. En un pleno extraordinario y con la ausencia de HB, el Ayuntamiento de Pamplona decidió entonces suspender los actos institucionales de Sanfermines. Miles de personas salieron a la calle a exigir la liberación del joven concejal de Ermua, uniéndose al clamor del resto de España. Pero los terroristas cumplieron su amenaza. Ante la triste noticia del asesinato del político vizcaíno, se acordó la suspensión de las fiestas hasta el día siguiente. Cientos de personas se quitaron espontáneamente el tradicional pañuelo y lo ataron a las rejas del Consistorio en señal de duelo, hasta cubrir por completo la entrada. De madrugada, la quema de estos pañuelos por parte de radicales dio lugar a violentos enfrentamientos que se saldaron con 18 heridos. Los Sanfermines se reanudaron el 13 de julio, aunque con poco ánimo de fiesta.

En los dos últimos siglos los Sanfermines no se suspendieron ni por el cólera ni por la gripe, pese a los miles de muertos habidos

La enfermedad COVID-19 ha provocado la primera suspensión de los Sanfermines por una pandemia en los dos últimos siglos, ya que las fiestas de Pamplona se habían celebrado incluso durante los brotes de cólera del siglo XIX y la llamada gripe española de 1918. Según ha explicado a Efe el escritor Miguel Izu, autor de varios libros sobre la historia de los Sanfermines y la presencia en los mismos de Ernest Hemingway, las fiestas de la capital navarra habían “resistido” a varias pandemias en los últimos 200 años, “y en épocas en que no se disponía todavía de vacunas, ni respiradores, ni uvis, ni paracetamol”. En 1834 se produjo la primera gran epidemia de cólera morbo asiático y en Navarra se contagiaron 6.134 personas, de las que murieron 1,542, sobre todo en la Ribera. Poco después, en 1855, se produce una segunda epidemia de cólera, en este caso mucho más grave, ya que en Navarra hubo 40.872 contagiados y 13,715 muertos. En aquella ocasión la enfermedad sí afectó a Pamplona y, en general, a toda la provincia, por lo que se debatió si suspender los Sanfermines, pero finalmente se celebraron. En 1885 llega la tercera gran epidemia de cólera, que en Navarra afectó de nuevo principalmente a la Ribera. Hubo 12,985 enfermos y 3,261 muertos y en Pamplona, donde hubo 26 fallecidos, se planteó otra vez la supresión de los Sanfermines, idea que volvió a ser rechazada. Durante la epidemia de gripe española de 1918 se produjeron en Navarra unos 3,000 muertos, 243 de ellos en Pamplona. Apareció un primer brote en primavera, con solo 15 fallecidos, que desapareció al llegar el verano y los Sanfermines se celebraron normalmente, aunque la enfermedad reapareció en otoño y entonces se produjo la mayor mortalidad. La duración actual de los Sanfermines, del 6 al 14 de julio, es relativamente reciente, ya que data de los años sesenta. En el siglo XIX, normalmente había sólo cuatro corridas de toros y “para el día 11 o 12 lo gordo se había acabado”, comenta Izu, quien destaca lo excepcional de esta situación, ya que en el pasado, “incluso con enfermedades epidémicas, se tiraba para adelante”.

Pamplona celebra unas ‘no’ fiestas de San Fermín sin riegos por la pandemia, piden evitar aglomeraciones y un rebrote del virus

Sí se han suspendido los Sanfermines a causa de conflictos bélicos, cuatro de ellos en el siglo XIX. De 1808 a 1814 no hubo fiestas debido a la ocupación francesa, y tampoco de 1821 a 1823, durante el trienio liberal, por los enfrentamientos entre absolutistas y liberales. En la primera guerra carlista, no hubo Sanfermines de 1834 a 1838, y tampoco de 1872 a 1875, en la tercera guerra carlista. Ya en el siglo XX, en los años 1937 y 1938 no hubo Sanfermines a causa de la Guerra Civil, aunque sí se celebraron los actos religiosos. Ha habido además otras suspensiones parciales, en concreto en 1978, del 8 al 14 de julio, por los incidentes en los que falleció de un disparo de la policía el joven Germán Rodríguez, y el 12 de julio de 1997 durante 24 horas por el asesinato de Miguel Ángel Blanco por parte de ETA. Ante la decisión tomada por el Ayuntamiento de Pamplona de suspender definitivamente las fiestas a causa del coronavirus, Izu cree que una opción sería trasladarlas a septiembre, mes en el que se celebran las fiestas de San Fermín de Aldapa o San Fermín ‘Txikito’.

El próximo lunes, 6 de julio, a mediodía no habrá lanzamiento del tradicional chupinazo desde el Ayuntamiento de Pamplona. Este año tampoco habrá encierros, ni actuaciones musicales, porque las fiestas se han suspendido a causa de la pandemia, pero persiste el temor a que se produzcan grandes aglomeraciones de personas que sean un caldo de cultivo para la transmisión del coronavirus. El Ayuntamiento de Pamplona ha tomado cartas en el asunto con el objetivo de evitar las grandes concentraciones de personas que caracterizan a las fiestas de la capital navarra. Tras conocerse la suspensión de los Sanfermines el 21 de abril, hubo ya algunos llamamientos en redes sociales para recrear actos como el chupinazo, el Riau-Riau, la salida de bandas musicales o las comidas populares. Al existir todavía un importante riesgo de que se produzcan rebrotes, el consistorio ha decidido no organizar ningún acto festivo o protocolario ni tampoco se permitirán actividades que inciten a salir a la calle entre el 6 al 14 de julio. Tampoco las peñas de Pamplona convocarán ningún acto durante las fechas de los Sanfermines ni participarán en actividades que puedan provocar aglomeraciones o situaciones de riesgo sanitario. Así, no desfilarán con las pancartas, no habrá salidas de sus charangas y no abrirán sus sedes al público en estos nueve días.

Uno de los momentos clave serán las 12:00 horas del 6 de julio. Normalmente hay en ese instante miles de personas comprimidas en los 2,000 – 2,500 metros cuadrados de la Plaza Consistorial durante el chupinazo y se registran también grandes aglomeraciones en la cercana Plaza del Castillo. Por este motivo, el Ayuntamiento de Pamplona ha establecido un aforo máximo de 400 personas en la Plaza Consistorial y de 3,675 personas en la Plaza del Castillo el próximo 6 de julio. Ante la previsión de una gran afluencia de personas al centro de la ciudad, el Ayuntamiento y la Policía Municipal coordinarán un dispositivo, en colaboración con otros cuerpos policiales como Policía Foral, Policía Nacional y Guardia Civil, y con Cruz Roja y DYA, para evitar cualquier riesgo. El Ayuntamiento tampoco va a dar autorizaciones este año para colocar en la calle mesas para los tradicionales almuerzos del día 6, antes del chupinazo. Sin embargo, los bares y restaurantes del centro de Pamplona están al completo para los almuerzos del 6 de julio. En teoría, se deberán respetar los aforos y las medidas de seguridad, pero parece complicado que se cumplan esas limitaciones en el ambiente festivo que se espera para esa jornada y la siguiente, el 7 de julio, que es festivo en muchas empresas en Pamplona.

“Cómo vamos a controlar, tras los almuerzos, la distancia de seguridad de metro y medio entre personas con dos copas encima”

El dispositivo policial controlará también aquellas zonas, sobre todo del Casco Antiguo, donde hay una mayor cantidad de bares y restaurantes. Hay también bares de Pamplona que se plantean no abrir en esas fechas por las incertidumbres que tienen sobre el cumplimiento de la normativa y las posibles sanciones. Desde el bar Los Burgos, ubicado en el corazón del Casco Viejo, su propietario ha señalado a Efe que ha decidido cerrar esos dos días, a pesar de que estaba al completo para el almuerzo del 6 de julio. “Me interesa mucho abrir”, ha reconocido, pero “no quiero ser parte de un problema”, ya que “es prácticamente imposible controlar el aforo en esas condiciones”. Por su parte, el propietario del bar La Kantxa, también en el Casco Viejo, se ha preguntado “cómo vamos a controlar, tras los almuerzos, la distancia de seguridad de metro y medio entre personas con dos copas encima”. Ha aseverado que necesita el dinero pero no quiere “participar en esto”. Otros se plantean no abrir la barra, en la que se puede atender a pocas personas por la distancia de seguridad, y servir solo en las mesas interiores y en la terraza.

La suspensión de los Sanfermines ha afectado asimismo a los actos religiosos de las fiestas. No tendrá lugar la procesión de San Fermín del 7 de julio, pero se celebrarán la misa en honor al santo de ese día y la Octava de San Fermín del 14 de julio, aunque respetando las distancias de seguridad y con la obligación de que los asistentes lleven mascarillas. Por todas estas incertidumbres y temores a aglomeraciones de personas, se han sucedido los llamamientos a la prudencia de las instituciones. Este año “no hay fiesta de San Fermín y no debería haber actos paralelos”, han sostenido la presidenta de Navarra, María Chivite, y el alcalde de Pamplona, Enrique Maya, quienes han instado de manera conjunta a demostrar que “somos los mejores organizando fiestas y también no organizándolas”. El carácter internacional de las fiestas de San Fermín va a hacer que personas de todo el mundo se fijen en lo que pase en la capital navarra de 6 al 14 de julio, han apuntado, por lo que Pamplona cuenta con una “oportunidad magnífica de contribuir al mensaje de prevención y conciencia social”.

Fredy Mercury se pasea como un animal que sabe que conquista inmediatamente, ante la responsabilidad de seducir a 70,000 personas

Lo más fascinante de aquel espectáculo es que se puede percibir cómo el cantante es perfectamente consciente de que está haciendo historia. Tanto, que ni siquiera le hizo falta una canción de verdad para despertar el fervor de 70,000 creyentes: le bastó con una improvisación de apenas unos minutos. Era el escenario más grande construido hasta el momento, y se le quedaba pequeño. Mercury se pasea como un animal que sabe que conquista inmediatamente el terreno que pisa, y en ningún momento parece intimidado ante la responsabilidad de seducir a decenas de miles de personas. Resulta tan chulesco como entrañable. Sus posturas triunfales mientras improvisa, a medio camino entre la ópera y la verbena de pueblo, generaron una corriente eléctrica que consiguió que el público no sintiese que estaba repitiendo cantos tiroleses, sino que formaba parte de la historia de la música. “No puedo llegar tan alto, vamos a bajar otra vez”, reconoce el cantante en el vídeo. Pero enseguida vuelve a elevar su voz con una magnitud que no cabía en Wembley. A pesar de que el rango vocal de Mercury llegaba a la estratosfera como pocos cantantes masculinos han logrado, daba la sensación de que su vigor no nacía de la técnica, sino de las entrañas. El público respondió entusiasmado a sus gorgoritos, porque Freddie se lo estaba tomando tan en serio como si se tratase de la última canción de su vida.

El flautista de Hamelin era un aficionado al lado de Mercury. Aquella masa entregada había pagado 17 euros por la entrada, en la que sin duda es la mejor inversión de toda su vida. Y se dejaron llevar por la euforia de Queen. La indumentaria de Mercury le hace parecer un líder militar sacado de un sueño, y sostiene su característico micrófono con la actitud épica de quien ostenta un cetro. Le falta la corona, pero ya se encarga él de comportarse como si fuera el rey del mundo. El público estaba tan a sus pies que si al terminar el concierto Freddie llega a proponer invadir Polonia, esas 70,000 personas le habrían seguido sin pensarlo dos veces. Despedir el numerito con ese “que os jodan” y recibir una ovación como respuesta es algo que solo pueden permitirse las estrellas de verdad. Mercury se ha metido a Wembley entero en el bolsillo, y lo ha conseguido porque la arrogancia solo es carismática cuando nace de la positividad y no de la prepotencia.

Su estrambótica energía sobre el escenario despertó multitud de comentarios acerca de su sexualidad, pero a él no podía importarle menos

El cantante arranca su improvisación con un mini/cachi/maceta en la mano, que le haría parecer el borracho de turno de la fiesta si no fuera porque su presencia es majestuosa. Él es el primero en sorprenderse por lo receptivo que está el público, y parece querer poner a prueba la obediencia de sus fieles, pero no lo hace con superioridad (aunque la disfruta), sino invitando a todo el mundo a la fiesta. La estrambótica energía de Mercury sobre el escenario despertó multitud de comentarios acerca de su sexualidad, pero a él no podía importarle menos. Otros artistas habrían sentido pudor, pero Freddie se dejaba llevar por la teatralidad y grandilocuencia, siempre buscando sacar adelante el mayor espectáculo del mundo. Él sabía que el problema lo tenían los demás. Si un artista se pasa de prudente y pisa el freno, conseguirá pasar desapercibido, pero nunca hará historia.

Freddie Mercury no era guapo, pero exhibía el bigote como pocos. Sus pantalones ajustados, su apego por las camisetas de tirantes y lo empapado que terminaba en cada actuación resultaba asombrosamente atractivo, precisamente gracias a que no le preocupaba lo más mínimo. Poco antes de su muerte, Mercury lanzó The show must go on (El espectáculo debe continuar), y se convirtió en un credo. Para él no era una frase hecha, sino una forma de vida. El espectáculo siguió, pero no le dejó atrás. Pasó sus últimos días obsesionado con seguir componiendo y grabando, sentía la necesidad de alimentar su legado. Lo cierto es que cuando murió aquel 24 de noviembre de 1991, Freddie Mercury ya era mucho más que un cantante: formaba parte de la vida de millones de personas. Recuperar hoy aquel espontáneo y entrañable juego entre el rey y sus súbditos hace que, durante un minuto y 57 segundos, Freddie Mercury consiga parar el mundo de nuevo. Y eso es lo más cerca que se puede estar de la inmortalidad.

El 23 de noviembre de 1991, a tan solo 24 horas de su muerte, emitió un comunicado público para anunciar que había contraído el SIDA

En febrero de 1987, Prince editaba un single mayestático -que diseccionaba algunos de los males de los años 80 con sintética clarividencia- en cuya primera línea de texto se hacía referencia, sin nombrarlo, al SIDA. Solo dos meses más tarde, aquella “gran enfermedad con un nombre pequeño” que el genio de Minneapolis empleaba para descorchar el rotundo relato de Sign O’ The Times se colaba ya en el organismo de Freddie Mercury, pese a que él se empeñara en negarlo ante una prensa ávida de sensacionalismo barato. Al menos si hay que creer a Jim Hutton, quien fuera pareja del líder de Queen durante sus últimos seis años de vida, Freddie Mercury fue la primera celebridad del mundo del rock en engrosar la lista de víctimas ilustres de la enfermedad, pero nada le hizo desistir de su deseo de aparentar normalidad y seguir trabajando hasta el último aliento. Hasta el punto de que tuvo que ser el 23 de noviembre de 1991, a tan solo 24 horas de su muerte, cuando por fin emitió un comunicado público para anunciar que había contraído la fatal enfermedad.

El secretismo de Freddie Mercury se contradecía con el aspecto que mostraba en sus ya intermitentes apariciones públicas, pero se amoldaba al carácter de un músico que, en abierto contraste con su explosividad escénica, tenía aversión por las entrevistas y cualquier clase de exposición pública de su intimidad. Las pistas eran más que evidentes: la banda ya no había girado para promocionar The Miracle (Capitol, 1989) y la aparición del cuarteto para recoger el premio Brit por su contribución a la música británica, el 18 de febrero de 1990, mostraba al vocalista con un aspecto físico muy desmejorado, extremadamente delgado y pálido.

El single These are The Days Of Our Lives, grabado en mayo de 1991, adelanto de Innuendo, y su letra suponía todo un epitafio vital

Quizá sea ese deseo por el que el trabajo de la banda siguiera su curso con normalidad el que explique por qué Queen no tramaron, en ningún momento, un álbum-testamento a la manera del último Bowie. Aunque cualquiera que prestase algo de atención al single These are The Days Of Our Lives, grabado en mayo de 1991, adelanto de Innuendo (y a su sombrío videoclip, rodado en blanco y negro), podría darse cuenta de que su letra suponía todo un epitafio vital, aunque fuera a través de un texto que el batería Roger Taylor escribió originalmente pensando en su prole, y que no tardó en mutar en último adiós a su frontman. En cualquier caso, la última canción en la que intervino Mercury fue Mother Love, luego incluida en el póstumo Made In Heaven (Hollywood, 1995), tal y como reconoció un Brian May que no tuvo reparo alguno en reclutar años más tarde a Paul Rodgers (Free) o a Adam Lambert (concursante de American Idol) para reactivar la marca Queen en pleno siglo XXI. Sí, el show debía continuar, pero cabe preguntarse si a cualquier precio.

Desde el 24 de noviembre de 1991, la casa de Freddie Mercury en Kensington (Londres) se convirtió en lugar de peregrinaje para fans y devotos. Y la música de Queen, tan cuestionada en su momento por gran parte de la crítica (los adustos 90, con la aflicción grunge, el eufórico pero sobrio tradicionalismo brit pop o la amenazante tensión pre-milenio del trip hop, no mezclaban nada bien con sus fuegos de artificio), comenzó a ser vista con otros ojos y a relativizarse desde la distancia. No en vano, el transformismo escénico de Lady Gaga -su propio nombre artístico lo revela- o la ampulosidad de Muse son, para bien o para mal, hijos de los vigorosos y apabullantes modos escénicos de un artista cuyo personaje se impuso a todos y cada uno de los estilos con los que flirteó, ya fuera el rock progresivo, el hard rock, la música disco o el bel canto.

La noche que Lady Di se vistió de hombre para visitar un bar gay, aún casada con Carlos de Inglaterra, la princesa salió de marcha con Freddie

Incluso los personajes más célebres pueden soltarse la melena sin ser reconocidos. Lo prueba Diana de Gales, que a finales de la década de los ochenta pasó una noche en un bar gay disfrazada con ropa masculina sin que nadie sospechase de su identidad. La revelación viene de mano de la actriz cómica Cleo Rocos, que en su nuevo libro, The Power of Positive Drinking, describe una de las noches que pasó con Lady Di, Freddie Mercury y el showman británico Kenny Everett, uno de los favoritos de la princesa. Todo empezó con el grupo bebiendo champán mientras veían capítulos de la serie Las chicas de oro en la casa de Everett. La noche se fue caldeando cuando decidieron bajar el volumen de la televisión y doblar ellos mismosel programa improvisando diálogos subidos de tono. A la princesa de Gales, que por entonces tenía 27 años, le fue asignado el personaje de Dorothy. Lo estaba pasando tan bien que quiso continuar la noche junto a sus amigos en Vauxhall Tavern, un pub de ambiente en el sur de Londres.

Intentaron disuadirla, alegando que no era un lugar adecuado para ella, que estaba “repleto de hombres peludos” y que a veces estallaban peleas. Pero, según Rocos, la madre del heredero al trono británico tenía “el día travieso” y estuvo suplicando a Mercury hasta que este cedió. “Dejemos que la chica se divierta”, sentenció el cantante de Queen. Lady Di prometió quedarse solo para una copa y camufló su identidad con una chaqueta militar, unas gafas de sol y el pelo escondido bajo una gorra de cuero. La pandilla dio su aprobación tras decidir que pasaba perfectamente por “un modelo masculino vestido de manera excéntrica” y tomaron un taxi.

En el local nadie la reconoció, lo que encantó a la princesa. “Tenía el aspecto de un joven muy guapo”, escribe Rocos en su libro. Diana pidió una cerveza y un vino blanco y, cuando los terminó, el clan al completo la acompañó hasta su casa en el palacio de Kensington. Al día siguiente, devolvió la ropa con el mensaje “¡Tenemos que repetir!”. Se cree que la anécdota tuvo lugar en 1988, cuando Lady Di todavía estaba casada con el príncipe Carlos. La pareja se separó en 1992 y se divorció en 1996, un año antes de que Diana falleciera en un accidente de tráfico en París. Tanto Mercury como Everett fallecieron durante la década de los noventa por complicaciones del Sida que padecían.

El vocalista de Queen sigue siendo la cara más visible de la banda británica, Bohemian Rhapsody y otros temas se han convertido en himnos

Freddie Mercury es la cara más visible de Queen. Nacido en Zanzíbar, Tanzania en 1946, Farrokh Bulsara cambió de nombre, se unió a la banda y la nombró así a principios de la década de los setenta. Ahí comenzaron sus aciertos. Con docenas de reconocimientos, millones de álbumes vendidos en todo el mundo y estadios a reventar… Actualmente no hay lista de mejores grupos de todos los tiempos, cantantes, canciones, álbumes, guitarristas e incluso actuaciones en vivo en las que no aparezcan. A 27 años de su muerte, el nombrado ‘máximo dios del rock’ por una encuesta del diario británico The Sun, se ha convertido en una leyenda. Sus temas son aún recordados y coreados por admiradores alrededor del mundo, estos son algunos de los más representativos para recordarlo…

Bohemian Rhapsody. Escrita por el propio Mercury, salió a la venta el 31 de octubre de 1975 como el primer sencillo de su álbum A Night at the Opera. Fue su primer número uno en Reino Unido, donde se mantuvo 18 meses en las listas, y ha sido elegida en varias ocasiones como una de las mejores canciones de todos los tiempos. Su videoclip, cuya introducción a capela ha sido parodiada y homenajeada, es considerado el primero en utilizar efectos especiales. We Will Rock You. Esta canción, convertida en un himno en acontecimientos deportivos, fue escrita por el guitarrista Brian May y editada por primera vez en el sexto álbum del cuarteto, News of the World de 1977. El videoclip del tema, que ha sido reeditado en las numerosas compilaciones que han aparecido tras la muerte del cantante, fue grabado en el patio trasero de la casa del baterista Roger Taylor. We Are the Champions. Apareció en 1977 como parte del sencillo con doble lado A We Will Rock You/We Are the Champions, y al igual que la primera, es habitual escucharla en eventos deportivos. La balada compuesta por Freddie Mercury ha sido versionada en varias ocasiones por otros artistas, una de los que obtuvo más éxito fue la grabada en 2001 por el cantante británico Robbie Williams junto a los miembros de Queen Brian May y Roger Taylor.

I Want to Break Free. Lanzado en 1984, el vídeo de esta canción -escrita por el bajista John Deacon- es uno de los más recordados de la banda por mostrar a sus integrantes caracterizados de mujeres, como una parodia a una telenovela británica de la época llamada Coronation Street. Fue censurado por MTV en Estados Unidos (donde pudo ser visto a partir de 1991), por lo que Queen no llevó a ese país el The Works Tour. El guitarrista Brian May dijo en una entrevista que en el Reino Unido sí se entendió y se tomó como una broma, mientras que la audiencia estadounidense probablemente lo interpretó como una declaración del travestismo y la bisexualidad de Freddie Mercury, lo cual podría explicar el veto.

Don’t Stop Me Now. Es el segundo sencillo del álbum Jazz de 1978. Llegó al puesto número nueve de las listas, donde permaneció treinta y cinco semanas. En 2005 fue elegida como “la mejor canción para conducir de la historia” por los espectadores del programa de la BBC Top Gear. Ha sido utilizada en varios anuncios publicitarios. Under Pressure. Compuesta en colaboración con David Bowie en 1981, fue la segunda canción de Queen en llegar al número 1 en Reino Unido. Es producto de una lluvia de ideas que hicieron durante una sesión de improvisación en un estudio en Suiza, cuando Bowie iba a hacer los coros del tema Cool Cat del cuarteto británico. El tema original en el que iban a colaborar no les gustó, por lo que empezaron a improvisar sobre una base musical de otra canción. Radio Ga Ga. Fue escrita por el baterista Roger Taylor para su disco The Works de 1984. La canción, que trata el tema de la creación de la televisión y como desplazó a la radio, se convirtió rápidamente en una favorita para las presentaciones en vivo de la banda. El vídeo usó material de la película Metrópolis de Fritz Lang, y el público imitaba en los conciertos los aplausos que se veían en el videoclip. La cantante Lady Gaga ha reconocido que fue de este título de donde obtuvo su nombre artístico.

Another One Bites the Dust. Esta canción, que fue incluida en su álbum The Game de 1980 por recomendación de Michael Jackson, se convirtió en el mayor éxito de Queen con ventas internacionales de siete millones de copias y en el segundo número uno de la banda en Estados Unidos. La canción fue escrita para ser cantada con el rey del pop, pero no pasó por falta de tiempo. The Show Must Go On. Fue escrita por Brian May para Freddie Mercury en los últimos meses de su enfermedad. Aparece firmada por todo el grupo en el álbum Innuendo de 1991. Fue lanzada como sencillo seis semanas antes de la muerte del vocalista, habla sobre el inminente final, pero como dice el título “el espectáculo debe continuar”. Who Wants to Live Forever. Fue escrita por Brian May y publicada en 1986 como parte de su álbum A Kind of Magic. Al igual que la mayoría de las canciones de ese disco, aparece en la banda sonora original de la película Los inmortales. Love of My Life. Es la balada del disco A Night at the Opera escrita originalmente en piano por Freddie Mercury entre 1974 y 1975, año en que fue lanzada. El cantante compuso este tema pensando en la que era su novia en esa época, Mary Austin, y a quien se refirió más de una vez como el amor de su vida. Scorpions y Extreme son de los grupos que han grabado su propia versión de esta canción.

I Want It All. Fue el sencillo que obtuvo mayor éxito de su álbum The Miracle de 1989. Inspirada en la esposa de Brian May, Anita Dobson -que solía decir la frase que da título a la canción-, tiene mensajes que podrían considerarse de rebelión, aunque el propio May ha declarado que se refiere a la ambición y a luchar por tus metas.

El cantante de Queen se partió de risa cuando vio la secuencia de la película Wayne’s world donde se parodia su ‘Galileo, Galileo…’

De todos es sabido que en el mundo de la cultura hay unos cuantos becerros de oro que nadie se atreve a cuestionar. Deidades paganas que debes adorar si no quieres caer en el ostracismo. Algunos ejemplos serían La Metamorfosis de Franf Kafka, La naranja mecánica de Stanley Kubrick, o Bohemian rhapsody de Queen… Pero aquí no vamos a hablar de la grabación original, sino de la versión más delirante. En 1992, el cómico, actor y guionista Mike Myers tuvo claro que con una buena parodia podía recordarnos a todos sin excepción lo que nos gustaba la canción de Mercury, y logró rescatarla del pozo de olvido en el que se encontraba. Al escribir el guión, luchó para que la película Waynes world (¡Qué desparrame!, así se llamó en España y Latinoamérica) empezara con la mítica escena en la que cinco melenudos recorren las calles de la ciudad montados en un coche, descoyuntándose al ritmo de la ensalzada rapsodia bohemia.

“Quería reflejar el espíritu de esa época de la vida, justo antes de tener que hacer cosas de adultos, como pagar impuestos y todo eso”, ha explicado Mike Myers a la revista Rolling Stone. Y vaya si lo consiguió: la secuencia inicial de la película fue todo un éxito, y el propio Freddie Mercury se partió de risa cuando le enviaron la cinta, a pesar de estar gravemente enfermo (falleció poco antes del estreno del filme). Y es que todo es excesivo dentro de ese coche: los peinados rubios en plan Europe, las Ray Ban Wayfarer gigantes de Dana Carvey, el meticuloso reparto de los ‘Galileo’… todo está perfectamente dispuesto y sincronizado para que la pequeña ópera transcurra en armonía. Ni siquiera el estado lamentable del último miembro en subirse al coche supone la más mínima traba para que el asunto funcione como un reloj.

Lejos de necesitar el sobrecito para vomitar que le ofrece su compañero, Sean Sullivan termina uniéndose al coro y agitando la cabeza como si no hubiera un mañana. “Yo tenía 36 años por aquella época, así que rodar aquello durante cuatro horas, ¡fue brutal!”, reconoce Carvey en la misma revista. De hecho, Brian May, guitarrista de Queen, cuenta que ellos hubiesen hecho exactamente lo mismo cuando la parte heavy de la canción sonara en la radio, porque tenían un sentido del humor muy similar al de la película. El gran logro de Mike Myers fue que consiguió convertir un puñado de planos en una de las escenas más memorables para los amantes de la banda, un homenaje a su recién desaparecido líder, y una nueva oportunidad de rescatar un clásico sin precedentes. Vayan preparando el collarín, y disfruten sin mesura.

‘Bohemian Rhapsody’, film biográfico fue interpretado por el estadounidense de origen egipcio, Rami Malek

Bohemian Rhapsody es una película biográfica británica-estadounidense de 2018 sobre el cantante británico Freddie Mercury y el grupo de rock Queen. Fue dirigida por Bryan Singer, aunque Dexter Fletcher asumió el cargo de director las últimas semanas de rodaje tras el despido de Singer. El guion fue escrito por Anthony McCarten y fue producida por Graham King y Jim Beach, antiguo mánager de Queen. Está protagonizada por Rami Malek, Gwilym Lee, Ben Hardy y Joseph Mazzello. El film se estrenó el 24 de octubre de 2018 en Reino Unido. Fue galardonada con numerosos premios: cuatro Óscars, dos Globos de Oro y dos BAFTA.6El nombre de la película procede del título de la canción más exitosa de la banda, el tema homónimo Bohemian Rhapsody.

En 1970, Farrokh Bulsara, un estudiante británico de origen parsi que trabaja transportando equipajes en el aeropuerto de Heathrow, se dirige a un club nocturno para ver a una banda local llamada Smile. Después de la presentación, Farrokh conoce al guitarrista Brian May y al baterista Roger Taylor, y se ofrece a sí mismo para ser el nuevo vocalista de la banda después de la partida de su cantante y bajista Tim Staffell. Con la llegada del bajista John Deacon, la banda -ahora conocida como Queen- toca en lugares pequeños alrededor de Inglaterra hasta que deciden vender su camioneta para producir su álbum debut. Su estilo musical les permite un contrato con EMI Records. Al mismo tiempo, Farrokh cambia su nombre a Freddie Mercury y comienza una relación con Mary Austin. Durante la primera gira de la banda por Estados Unidos, Freddie comienza a tener dudas sobre su sexualidad. En 1975, Queen graba su álbum A Night at the Opera, pero deciden dejar al ejecutivo de EMI Ray Foster cuando este rechaza publicar la canción de seis minutos Bohemian Rhapsody como el primer sencillo del disco. Freddie hace que el DJ de Capital Radio, Kenny Everett, haga debutar la canción poniéndola al aire. A pesar de tener críticas mixtas, Bohemian Rhapsody se convierte en un éxito masivo. Poco después de regalarle a Mary un anillo de compromiso, terminan su relación cuando Freddie le revela que es bisexual. Comienza una relación sentimental y laboral con Paul Prenter, el segundo representante de la banda.

El éxito de la banda continúa en la década de los 80, pero las tensiones entre los miembros del grupo crecen por sobre el enfoque de su música. Después de una fiesta en la residencia de Freddie, este conoce a Jim Hutton, uno de los garzones en el evento. Cada uno continúa su camino, pero Jim le pide a Freddie que, si quiere buscarlo, lo haga una vez que se encuentre a sí mismo. El grupo ofrece una conferencia de prensa para promocionar su álbum de 1982 Hot Space, pero los periodistas bombardean a Freddie con preguntas sobre su vida privada y su sexualidad. Freddie comienza a distanciarse con sus compañeros de banda cuando este les anuncia que firmó un contrato de $4 millones con CBS Records para continuar una carrera en solitario. Se marcha a Múnich en 1984 para trabajar en su primer disco solista, Mr. Bad Guy, y también involucrarse en numerosas orgías homosexuales con Prenter. Una noche, Mary lo visita sin previo aviso y lo persuade de regresar a la banda, ya que se les ofreció un cupo para participar en el concierto benéfico Live Aid en el estadio Wembley de Londres. Después de descubrir que Prenter le ocultó la información sobre Live Aid, Freddie lo despide; en represalia, Prenter hace públicas las aventuras sexuales de Freddie. Con la noticia de la expansión del SIDA a nivel mundial, Freddie se realiza secretamente exámenes médicos y descubre que padece la mortal enfermedad.

Freddie regresa a Londres para reconciliarse con sus compañeros y el actual representante del grupo, Jim Beach. Tras volver con la banda, la participación de esta en Live Aid es añadida a último minuto. Freddie se reúne con Hutton y se reconcilia con su familia, con el principio zoroástrico de su padre, Buenos pensamientos, buenas palabras, buenas acciones. Poco antes del concierto, durante los ensayos, Freddie revela a sus compañeros que padece SIDA. La presentación de Queen en Live Aid, el 13 de julio de 1985, es todo un éxito, ayudando a incrementar la tasa de donaciones durante el evento. Después de la muerte de Freddie en 1991 a causa del SIDA, Beach y el resto de los miembros de Queen crean la fundación Mercury Phoenix Trust para ayudar a la lucha contra el SIDA.

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