El ‘bloque’ de la (des)vergüenza, o del ‘todo tiempo pasado fue mejor’

Signos (Por Salvador Montenegro)

En vísperas de la extradición del exdirector de Petróleos Mexicanos, Emilio Lozoya Austin, quien fue pieza clave en escándalos como la llamada ‘Estafa maestra’ y el caso Odebrecht, en México, un grupo de 30 ‘intelectuales’ suscribió un desplegado en el que llaman a conformar una defensa contra la “deriva autoritaria” y quitarle al Movimiento de Regeneración Nacional y a sus aliados la mayoría en la Cámara de Diputados.

En su texto, además de acusar al presidente Andrés Manuel López Obrador de concentrar el poder, invitan a ciudadanos y partidos de oposición a construir un bloque “que restaure” lo que ellos llaman “el verdadero rostro de la pluralidad ciudadana”.

El jefe del Ejecutivo federal no esperó al siguiente día para responderles. Esa misma noche, en una carta publicada en redes sociales, les reprochó su falta de “honestidad política e intelectual”, y les recordó que Lozoya Austin estaba a punto de regresar a México para presentar pruebas y explicar cómo era el ‘contrapeso’ que ellos intentan recuperar.

La llegada del exdirector de Pemex –quien apenas arribar a la Ciudad de México fue hospitalizado por problemas de salud asociados a su mala situación anímica, y que para salvar lo más posible su difícil condición penal presentará pruebas que acaso involucren a figuras importantes que han sido de la vida pública y el sector privado, y han estado vinculadas con los actos de corrupción conocidos por el exfuncionario federal-, representaría un gran logro de la renovada Justicia mexicana y del nuevo liderazgo presidencial, para exponer los modos de aquellos que hoy, desesperados por volver al poder –o cuando menos escapar lo antes posible del brazo de la ley-, pretenden unirse en un bloque opositor.

La cruzada contra los grandes delincuentes del poder político y depredadores del Estado mexicano, empero, sigue andando sobre las arenas movedizas de las altas expectativas y los resultados reales del ejercicio de la ley contra los mayores beneficiarios de los despojos nacionales.

El discurso de la limpieza ética de las instituciones, si bien tiene saldos inequívocos de rentabilidad para el país, requiere de importantes y numerosos perfiles criminales tras las rejas para asegurar en los hechos su legitimidad política y moral, la que no tienen, por cierto, los ‘intelectuales’ enemigos del lópezobradorismo y que muy poco alzaron la voz ante el caudal de vejaciones contra el Estado de derecho y el interés general cometidas por los grupos de poder de los que tantos beneficios recibieron.

Los ‘intelectuales’ que militan ahora por la ‘restauración’ de las libertades democráticas y la pluralidad del pasado, parece que no advierten el también fangoso suelo que su causa pisa –peor que el de Andrés Manuel, ante el reto de no llenar las cárceles de tantos criminales como los que han pervertido a las instituciones y se han enriquecido a costa de debilitarlas por lo menos desde hace tres décadas-: el de que su naturaleza moral es la de los grupos de poder a los que pertenecen, y cuyo hedor público intolerable hizo ganar de manera tan rotunda y como jamás en la historia y con tanta legitimidad popular y democrática, a su principal adversario, al que hoy pretenden vincular con todos los males que ellos no censuraron antes porque significaban la fuente del privilegiado estatus que perdieron y que, como los grupos de poder de su pertenencia, pretenden que regrese.

Es cierto que el ejercicio del mandato cobra, a menudo, desgastes importantes de imagen y popularidad a los más exitosos candidatos y líderes cuando acceden a él, y más que nunca cuando ese ejercicio representativo se enfrenta a crisis tan ruinosas como la pandemia de ahora y sus secuelas económicas. Es cierto, también, que pocos opositores empresariales desplazados de ese poder del que durante tanto tiempo han sido usufructuarios, son -gracias a la vasta malversación y a la corrupción absoluta e incomparable del mismo- tan influyentes y determinantes como los mexicanos en nación alguna de la Tierra, y que sus aliados políticos, mediáticos e ‘intelectuales’ entienden, como ellos, que la magnitud de la crisis hace el mejor contexto de vísperas electorales en favor de su causa opositora para desgastar y derrotar al enemigo esencial de sus intereses, sobre todo por cuanto el partido de éste, el Movimiento de Regeneración Nacional, es un nido de contradicciones y querellas intestinas derivadas de su abigarrada constitución militante, y al que hoy día le pesan tanto las asociaciones políticas y partidistas infieles y las pésimas gestiones legislativas y gobernantes de muchos oportunistas que ganaron sus cargos gracias a la popularidad del ahora presidente de la República.

Pero quizá la urgencia combativa y la noción de que las condiciones de los opositores que quieren fortificarse en bloque -por más vulgar que sea su revoltura oportunista, mucho más que la del morenismo– son las más propicias para derribar la influencia y las candidaturas del lópezobradorismo en las elecciones venideras y en las del 2022 -donde también se incluye la revocación del mandato presidencial-, pueden ser una circunstancia y una noción precipitadas y contrarias al objeto perseguido, y ser acaso, más bien, todo lo contrario: la evidencia más cabal y consistente de que la canalla empresarial, política y mediática de siempre, y la que con distintas filiaciones de grupo o de membrete ha sido la que ha descuartizado en todo tiempo la posibilidad de que México sea un país escolarizado, civilizado, democrático, próspero y justo; una ‘pluralidad’ de lo mismo que por fin se identifica en un solo bloque, en un solo frente y en la misma verdad histórica definitiva: la del cinismo y la reacción inequívoca a que el país pueda ser otro, el más lejano y distinto al de la condición de miseria humana y material a que lo condenaron.

Puede ser así porque a pesar de todas las campañas de la ira y de todas las crisis en su contra –o quizá gracias a eso-, el jefe de la nación –hoy cada día más tolerante, reflexivo y estadista, como tuvo la ocasión de probarlo en Washington frente a un interlocutor que así debió bajar sus ínfulas supremacistas- sigue ganando las batallas que sus enemigos no cesan de perder y por las que más lo odian, reacios a asumir que él no es su peor enemigo, sino ellos mismos, despreciables que son y se niegan a deja de ser.

SM

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