Atreverse o morir

Signos

Si quiere una vida miserable y no padece enfermedades graves, haga todo lo que las autoridades sanitarias más conservadoras y ortodoxas le aconsejen que haga para evitar contagiarse y no arriesgarse a morir victimado por la peste (viva con miedo, abúrrase en su encierro como un condenado, amárguese sin remedio entre las redundancias fatalistas de que no hay vacuna que sirva ni remedio, y no deje de pensar, ni por un instante, que sólo y solo de ese modo salvará a los otros y a usted mismo del infierno).

Si no quiere eso, sólo trate de no convocar a los demonios infecciosos aventurándose más allá de la prudencia, y piense que sí, que habrá pronto una vacuna y un fin de toda esta mierda (a la que luego habrá de seguir otra, porque la humanidad ya acabó con todos los equilibrios de la salvación posible del medio natural y de la vida humana), porque, si no lo piensa de ese modo, la alternativa es el abatimiento en la víspera y lo que ya se ha dicho arriba.

De modo que diviértase y sálvese con una cierta responsabilidad (y que los demás piensen por sí y en sí mismos, no usted), y aprenda de esta crisis que la civilización está en etapa terminal, pero que un poco de ética y de calidad humana no están de más, para hacer más vivible lo que queda.

Porque ya basta de monsergas y satanizaciones y paranoias sobre el hoy y la oscuridad que viene si no nos enmascaramos de por vida (como cuando había que usar condón hasta para hablar con homosexuales, estigmatizados hace décadas como los portadores del Apocalipsis).

Hay que elegir: el claustro o la normal alegría de la vida cotidiana. Hay que atreverse, ni modo. Es el nuevo capítulo en el sendero inevitable del fin del mundo por el que transitamos.

SM

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