No abrir la frontera, acaso un gran error

Foto: Milenio

Signos

Bien: se posterga la apertura fronteriza de Belice con México.

Pierden todos, de un lado y del otro.

Se demoran las soluciones sanitarias y económicas.

La lógica de esas decisiones de confinamiento ha perdido vigencia y virtud: ‘Me encierro, no entra el virus’, claro; pero el complemento al que se renuncia es: ‘Me muero en la miseria, pero sano’.

Usted cierra, el virus no pasa. ¿Pero usted no pretende salir ni que entre nadie a su casa mientras el bicho letal viva?

Cuando el mundo ha abierto, la plaga se ha fortalecido.

Belice ha decidido seguir encerrado.

La alternativa es elemental: Mientras más tarde en abrir, la peste durará más tiempo en entrar y establecerse, y también más tiempo en irse o acabarse.

Si abre hasta que llegue la vacuna, los daños económicos serán mayores, de un lado y del otro del Río Hondo.

Pero nadie asuma como una gran decisión y un agradecible mérito, mantenerse en el confinamiento porque es lo más seguro. Si la vacuna llega ahora mismo, acaso sí. Pero, si no, la crisis es más viable que el bienestar.

Ahora lo que sirve es cómo se vinculan los menores daños sanitarios y económicos, no la celebración del confinamiento como la salvación, que eso valía meses atrás.

La dinámica de los tiempos es cómo se abren las fronteras y se gestiona a la baja la letalidad de un virus que sigue buscando huéspedes, mientras llega la salvación farmacológica.

El aislamiento, ahora mismo, es un despropósito: la consignación de que no se tienen criterios de valor complementarios.

La cura de la vacuna contra el virus llegará. Pero en algunas partes, la falta de la vacuna económica, a causa de la conservadora medida del claustro prolongado más allá de lo razonable, puede ser más perniciosa que el bicho.

La pertinencia de los liderazgos políticos estriba en la objetividad del cálculo de sus variables y en sus reservas de recursos frente a la adversidad.

Ser visionario es ser tan cauto como temerario según el instinto y la capacidad de abstracción para asumir decisiones y consecuencias.

Atenerse sólo a lo que parece seguro, sin dimensionar tiempos y factores, será una apuesta perdida, y menos para el liderazgo que para la gran mayoría de los demás.

SM

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