Chucho Pool, Góngora… ¿A qué le tira el gobernador?

Signos por Salvador Montenegro.



Dice la voz popular que ‘No está el horno para bollos’.

En buen cristiano y en lenguaje político, quiere decir que no es buena idea meterse en ‘camisa de once varas’, que o se está ‘con melón o con sandía’, y que ‘el que no quiera calor, que no se meta a la cocina’.

Más claro ni el agua.

Hacer alianzas sucias es parte de la democracia maldita.

Pero las ideologías son, hoy día, arcaísmos de la prehistoria de la lucha por el poder.

Hay agrupaciones y denominaciones o bandos o bandas que se asumen con tal o cual doctrina de izquierda o de derecha (ya nadie promueve idearios ni los identifica ni los suscribe, sólo se sabe que unas ‘militancias’ y dirigencias son más perjudiciales o serviciales que otras), pero porque ese es un protocolo del formalismo necesario para que tales o cuales empresas políticas tomen la dirección del Estado o sus espacios representativos en disputa, unos para hacer negocios personales, como queda dicho, y otros para impedir que se hagan. 

De modo que, en México, y ya casi en todo el mundo, sólo quedan dos sectores de lucha por el poder: los menos decentes y legítimos, contra quienes les quieren ajustar las cuentas, porque para los primeros la vida pública es una industria para saquear al Estado en beneficio particular. 

Claro, por supuesto: siempre hay los oportunistas que se disfrazan de buenos y afectan la causa justa por la que llegan al poder. Son los primeros a quienes su liderazgo debe combatir, segregar y quitarse de encima como el veneno social que son.

En fin: ese es el contexto de la fatalidad democrática en que se inscribe la cuestión.

El presidente de la República no tiene ‘cola que le pisen’. Si la tuviera, los tipos a los que ahora persigue por sus gruesos rabos criminales lo hubieran aplastado en la víspera y no anduvieran huyendo ahora, muertos de miedo, porque los quiere enchiquerar como saurios escatológicos.

Y el presidente entiende lo que no tiene más remedio que entender cualquiera con un mínimo de sentido común y de dignidad: la institucionalidad electoral y anticorrupción en México fue diseñada como una estructura de encubrimiento del gran saqueo nacional. El problema es que es tan pesada y tan bien armada, que no es tan fácil que la pueda desanclar de su base ‘ideológica’ (es decir: de la falacia democrática institucionalizada), luego de décadas y generaciones de obrar una genética constitucional y una cultura de esa falsa transparencia como verdad histórica. Pero acaso pueda depurarla y enderezarla un poco, como ha hecho con la iniciativa de convertir en delito grave y penalizado con cárcel, el robo de los recursos públicos para el financiamiento de negocios electorales y candidatos de interés privado, es decir: de gobernantes y grupos aliados con ese fin de seguir ultrajando al Estado a través de sus títeres representativos en el poder.

¿No se sumaría el gobernador Carlos Joaquín a la causa presidencial del combate al más grave delito nacional que es el de la simulación democrática, o el de seguir usando el erario con fines de lucro político a costa de profundizar el endeudamiento y los déficits fiscales que, en Quintana Roo y en todas las administraciones estatales panistas y priistas, son tan astronómicos como productos de la malversación y la delincuencia política y electoral que hoy, por ley, se deben pagar con cárcel?

¿Se sumaría el gobernador al PRI para impulsar candidaturas comunes el próximo año y a la sucesión gubernamental un año después?, ¿¡al PRI!, a cuya mafia derrotó desde el discurso de aniquilar la corrupción y el vandalismo de un grupo de mequetrefes que, merced a la estructura electoral diseñada para legitimar a la peor piltrafa representativa, se hizo del poder estatal y él, el gobernador Carlos Joaquín, persiguió con cargos y cargas judiciales que llevaron a algunos de esos delincuentes a la cárcel?

¿Se sumaría el gobernador a la causa opositora antipresidencial del Movimiento Ciudadano que representa, en Quintana Roo, José Luis Toledo -“Chanito”-, el elegido por el ahora exgobernador preso, Roberto Borge -como socio e íntimo amigo suyo que era-, para contender contra él, contra Carlos Joaquín, en las pasadas elecciones gubernamentales, y cuya postulación por el PRI perdió entonces ante el exalcalde de Solidaridad, Mauricio Góngora, a quien el actual gobernador puso tras las rejas por su perfil delictivo y de la misma catadura de Borge Angulo, a quien pretendía sustituir en el cargo y a quien se lo impidió el actual mandatario estatal abanderando la consigna ética y depurativa de romper esa cadena de crímenes políticos y electorales financiados con el dinero público y al amparo de la institucionalidad electoral y de transparencia?

¿Se animaría el gobernador a financiar la candidatura de Jesús Pool Moo al Ayuntamiento cancunense, evadiendo las advertencias presidenciales y arriesgándose a incurrir en las peligrosas sanciones que impone la nueva ley electoral? ¿Lo intentaría, a sabiendas de que Pool es un traidor a la causa del saneamiento democrático de la vida pública defendida por el presidente López Obrador, y de que a tan previsible candidato del gobernador Joaquín le van a vigilar con lupa la procedencia y la legalidad de sus recursos proselitistas y de campaña, sabedores, sus más poderosos adversarios -que fueron sus correligionarios morenistas-, de que el principal negocio de Jesús Pool no es la representación popular sino la rentabilidad económica de su activismo político?

Tras la liberación de Mauricio Góngora empiezan a manifestarse inconformidades con quienes dudan de la justicia aplicada en favor del exalcalde y con lo que entienden como una concesión del gobernador a los grupos priistas con los que -dicen algunos sobresalientes morenistas- piensa aliarse en los procesos venideros, financiando también, añaden, la sociedad de intereses con ese su expartido, con el MC y anexos y conexos de la peor ralea política, en una empresa opositora al presidente que, también dicen los críticos, tiene más riesgos y posibilidades de zozobra que de éxito, porque además de que el gobernador fue un abanderado contra la corrupción de sus posibles aliados, estos no sólo podrían hundir su proyecto sucesorio, sino a él mismo convertirlo en reo.

Y si bien la liberación de Góngora puede ser un gesto y un abono en favor de la consumación de la alianza antilópezobradorista, su nexo con la promoción de Jesús Pool Moo como candidato de la misma alianza y del gobernador para el Municipio cancunense alumbra más los vaticinios y los cálculos de los morenistas traicionados por Pool en el sentido de que ambos hechos no son casuales y forman juntos en la agenda del gobernador, tanto en su abierta ruptura con el presidente, como en su alianza con sus ahora posibles exenemigos (Félix González y Roberto Borge, entre otros) rumbo a los comicios venideros como a los de la sucesión gubernamental.

¿Serían convergentes la salida de Pool Moo del Morena y de Mauricio Góngora de la cárcel en un presunto proyecto antipresidencial de Carlos Joaquín González?

Sus enemigos del Morena y otros aseguran que sí, que por supuesto. ¿El gobernador, en su fuero interno, coincidiría con ellos? 

¿Saldría pronto de la cárcel entonces, también, Roberto Borge Angulo, como Mauricio Góngora? Porque los cargos penales del fuero común que enfrenta son salvables, y los federales procedentes del proceso de la extradición fueron un simple ensayo de escarnio del entonces Gobierno de Peña Nieto para simular justicia y ganar votos en tiempos en que se le acusaba de usar todo el poder presidencial en favor de su candidato a la gubernatura del Estado de México, donde pretendía fortalecer electoralmente a su partido rumbo a las elecciones sucesorias del 2018, las que a final de cuentas terminó perdiendo, y por lo que hoy mismo está sentado en el banquillo de los grandes acusados de usar su investidura de Estado para saquear y destruir como nunca el país al que debió defender de todos los atracos y sabotajes que bandoleros de su especie, al amparo de las leyes y las normas constitucionales fraguadas por ellos mismos, perpetraron en su contra.

SM

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