A garrote vil y sin alternativas

Signos

Se crispa hasta el más pacífico, civilizado y neutral de los ciudadanos con criterio. El más tolerante pierde la compostura ante la visceralidad y el frenesí de las vociferaciones militantes encontradas entre un extremo y otro del liderazgo presidencial. 

El espectáculo es vergonzante, cacerolero. Territorio de cruzados, de falangistas, de tribus furibundas. El lumpen ideológico e intelectual negado a las ideas, a la intermediación ideológica o crítica. Proclividad a los palos y a las piedras; a las paleolíticas trincheras de gruñido y alarido. Enanismo mental, el de este escenario mexicano. Democracia en piltrafas de legionarios andando y acampando a gritos cual único valor. 

Muy bien: 

El proyecto presidencial dice apostar por la defensa de la causa mayoritaria de los pobres en contra de las minorías oligarcas que han sido las usufructuarias de la corrupción y la modernización neoliberal, y ahora se rebelan contra la pérdida de los vastos privilegios derivados de su absoluto control sobre el Estado y sus patrimonios y prerrogativas. 

El proyecto presidencial tiene ese argumento de legitimación mayoritaria, al que se enfrenta ahora el de sus mortales enemigos de la plutocracia y sus sectores propios y los añadidos por la ignorancia servil. Ambos tienen su estandarte y sus dirigencias. Pero, ¿y los demás; los sectores intermedios altos y bajos que no forman ni en la oligarquía ni en la pobreza; que no tienen por reclamos ni el abandono ni la postración ni el hambre -de los tiempos en que la acumulación neoliberal y la perversión reformista del poder privatizador condenaron a los pobres a ese infierno inmerecido y determinaron la emergencia modernizadora del país como uno de los más injustos y desiguales del orbe-, ni tampoco reclaman los beneficios perdidos del control institucional porque han vivido de sus merecimientos y no del saqueo de las arcas y los bienes públicos, ni de la expropiación alevosa de las prerrogativas del Estado? 

De acuerdo: Los sectores de la oligarquía y los demás desplazados de la corrupción y el desmantelamiento patrimonial del Estado, y culpables de la violencia y la guerra de las bandas criminales y sus emisarios en el poder político, tienen sus liderazgos auténticos y representativos, como el Diablo Fernández, de Femsa, y sus subordinados empresariales ultras y partidarios del golpismo fascista, además de activistas menos radicalizados y menos empresariales, pero más vividores de la corrupción política y más profesionales del ultraje público como Ricardo Anaya y sus iguales del salinismo y la militancia panista o priista o perredista y de similar ralea partidista; y los sectores enemigos y devastados por ellos en los tiempos de su ejercicio absoluto del poder del Estado tienen, por su parte, ahora, en ese poder supremo, al liderazgo representativo y defensor de sus demandas, y a los liderazgos adjuntos a su causa popular vindicativa. De modo que las militancias vinculadas a los intereses de las minorías de la plutocracia y las identificadas con los de las mayorías de la pobreza, tienen sus proyectos, sus activistas y sus liderazgos combatiendo a muerte en sus respectivas trincheras y con sus mutuas esperanzas de exterminar a los otros. Pero, de nuevo, ¿y los otros: los que no son pobres pero tampoco han necesitado de la expropiación y la privatización del Estado, ni han sido culpables de la violencia, la ingobernabilidad, el hambre, la desigualdad y la injusticia, y sólo aspiran a la estabilidad democrática, a la inexistencia de conflictos facciosos, a la instauración de un relativamente justo y equilibrado Estado de Derecho; acaso, asimismo y en las zonas más letradas, a la calidad educativa como condición de competitividad y ascenso social, a la supresión de privilegios pero a partir de la verdadera justicia constitucional y de la verdadera funcionalidad institucional, y sobre todo a la civilidad de un sistema democrático cifrado en el diálogo y la comparecencia de verdaderas alternativas políticas y proyectos de mandato de interés público?…, ¿dónde están los liderazgos representativos de esos sectores sociales medios ajenos al maniqueísmo y el confrontacionismo, a quienes no les parece justo ni progresista que si bien se defiendan los programas sociales favorables a los pobres, se releguen con ese argumento de prioridad sus derechos -de estatus económico y hasta de desarrollo regional-, la preservación de sus oportunidades y sus aspiraciones de mayor competencia institucional y de paz social, ni mucho menos les parece democrático el retorno de las prácticas tradicionales de envilecimiento del Estado de Derecho con fines de apropiación privada y a costa del hundimiento definitivo de la seguridad pública y el orden constitucional? En otras palabras: ¿dónde está la alternativa política y representativa para la parte buena del antilópezobradorismo; para las clases medias bajas y altas que no entran en la causa de la defensa presidencial de los pobres ni en la de sus iracundos contrarios?

Pues tal es el nudo de las confrontaciones de la edad de piedra que se libran sin tesis intermediarias y ni actitudes democráticas de altura. Faltan los liderazgos que irrumpan entre los extremos, que defiendan por igual los derechos de los pobres y de quienes pueden vivir bien gracias a su virtud emprendedora y a sus ingresos legítimos, y cuestionen con visionario sentido crítico los excesos militantes, retóricos y excluyentes de los defensores de las causas de los pobres y de los estúpida e ilícitamente ricos.

Porque nunca, pese a la insuperable condición iletrada del país, la guerra política había sido tan grotesca y tan soez como en los tiempos amargos de esta siniestra caricatura democrática.

Y sin escuela de valor, jamás habrá calidad ciudadana, cultura política y cultura a secas.

SM

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