Ni la oriundez ni el lópezobradorismo quitan lo canalla

Signos

Los nativistas chetumaleños se afanan en que los Gobiernos quintanarroenses deben privilegiar liderazgos con arraigo porque un conocimiento mayor del Estado hace mejores mandatos.

Y no: ni el origen ni el arraigo son sinónimos de competencia y calidad moral, porque no son atributos, sino eventualidades.

Carlos Mario Villanueva Tenorio, por ejemplo, es uno de los nativos más irresponsables, frívolos y rapaces que han obrado (con la peor acepción y literalidad del término) en la vida pública local. Saqueó, endeudó y desgobernó el Ayuntamiento de la capital del Estado como nadie y como si odiara el lugar de su origen. Y pese a todas las evidencias del ultraje acumuladas en su contra, nadie, entre sus opositores de entonces, quiso o pudo hacer que se le encausara política y penalmente, porque otro quintanarroense igual y de la peor ralea política y humana, como el entonces gobernador, ahora preso, Roberto Borge Angulo, decidió protegerlo.

Carlos Mario Villanueva hoy día es un flamante perfil político del Partido Verde. Porque cualquiera sabe qué tipo de perfiles políticos ‘militan’ en el Verde, el partido con las vejigas más aptas para nadar en la inmundicia democrática mexicana, y el que mejores negocios de equívoca representación popular ha hecho merced a la lógica de un financiamiento partidista y electoral cifrado en un sistema de legitimación del fraude y la usurpación del poder, que ha hecho gobernantes, legisladores y regidores, a muchos de los más indeseables criminales del país.

Gracias a ese sistema de falsas autonomías electorales y anticorrupción –formulado y legislado para convertir las peores aberraciones representativas en decisiones de las mayorías sobre el destino de todos- es que los verdes y sus socios morenistas han podido intensificar a sus anchas el deterioro urbano, ambiental, social y moral de ciudades turísticas de tan alto potencial económico y fiscal -y donde, gracias a la ingobernabilidad y a la complicidad de las autoridades, la violencia y el ‘narco’ han impuesto sus fueros- como Cancún, Puerto Morelos y Solidaridad, y han terminado de hundir a Chetumal, donde también la ineptitud gobernante, la permisividad institucional, el caos y la inseguridad se dan la mano y crecen como nunca jamás. Han sido tan lesivos que lo mismo ha dado que fueran del PRI, del PAN o del PRD. Y los nativistas debieran saber que la procedencia y la identidad originarias del Chacho García Zalvidea o de Carlos Cabal Peniche o de Greg Sánchez o de Paul Carrillo o de Remberto Estrada o de Mara Lezama o de Laura Fernández o de Otoniel Segovia o de Laura Beristáin, son lo de menos: su calidad moral y su competencia institucional es la misma. Han contribuido a pervertir los ámbitos quintanarroenses que han pisado y gobernado, con la misma capacidad depredadora que las de Carlos Mario Villanueva, Roberto Borge Angulo, Félix González Canto o Joaquín Hendricks Díaz. Han degradado a la entidad. Han hecho los negocios más sucios y utilitarios a costa de los patrimonios públicos ultrajados y las investiduras espurias de sus mandatos populares comprados con dinero negro o robados. Han abusado con absoluta y enfermiza arrogancia del ejercicio arbitrario de unas concesiones públicas asumidas como si fueran prebendas y bienes personales, y se han apropiado y se han enriquecido con la posesión y el usufructo de extensiones territoriales y patrimonios inmobiliarios privilegiados, con la sociedad de intereses en empresas de bienes y servicios de la mayor rentabilidad privada contratadas ilegalmente por sus Gobiernos, y con el uso descomunal del erario para impulsar candidaturas al servicio de sus muy particulares conveniencias.

De nada sirve que el presidente de la República pataleé y se desgañite enarbolando banderas y discursos contra la corrupción, si sus palabras y sus acciones chocan con el proceder ignominioso y delictivo de sus propios correligionarios y socios partidistas, evidenciando la más terca demagogia y la más condenable impunidad, y si sólo en Quintana Roo la sociedad de negocios del Morena y el Verde daría para procesar a una legión de truhanes en pleno ejercicio del poder, en tanto dirigentes públicos y en tanto grupos empresariales que los han financiado y reciben, en lucrativos contratos y participaciones del erario, el fruto de su inversión.

El ahora verde Carlos Mario Villanueva dejó una herencia de ruina y quiebra fiscal en el Ayuntamiento de la capital del Estado que presidió (y de cuyo envilecimiento no puede recuperarse porque no ha tenido ocasión de ser presidido por alguien con un mínimo de decencia y competencia gobernante), y gracias al amparo político de Beto Borge no corrió la misma suerte de fuga de su paisano chetumaleño, sucesor y excorreligionario priista suyo, Eduardo Espinosa Abuxapqui; un destino -como perseguido y objetivo de la ley, no como prófugo de la misma- que debiera alcanzar también a otros exalcaldes presentes y futuros, oriundos y no oriundos del Estado, dentro de los cuales los verdes y los ‘chapulines’ multipartidistas deberían estar entre los primeros.

La basura de los negocios y los socios de la concesión del servicio de limpieza de la vía pública en Cancún debería ser un muy objetivo referente de la justicia anticorrupción donde bien podría investigar a fondo y aplicar la barredora, si su causa fuera sincera, el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador.

Los verdes y los morenistas, nativos o con arraigo o no, están convirtiendo la vida pública y política en Quintana Roo en un humeante muladar. Municipios y Legislatura local a su merced (ahora los parlamentarios afines quieren a Mara Lezama un trienio más en Cancún para seguir haciendo negocios a su vera, en lugar de cumplir con el deber legislativo de llamarla a cuentas y enjuiciarla por su sociedad del crimen con Remberto Estrada y con Carlos Canabal) serían los principales objetivos del combate a la corrupción y a la impunidad que el presidente pudiera atacar en el Estado caribe.

A imagen y semejanza del Niño Verde y sus vicios y negocios a cuenta de la democracia insalubre y el neoliberalismo privatizador mexicanos que tanto han desfondado a México, sus discípulos -viejos y nuevos- y socios del lópezobradorismo están enseñando como nunca el cobre de que con discurso presidencial anticorrupción o sin él, las formas y los objetivos de la lucha por el poder no dejan de ser lo mismo, y que los liderazgos -nativos o sin arraigo- de esos partidos tienen la misma pinta punible y carcelaria que Beto Borge, y merecerían cuando menos -aunque a Borge sólo le han imputado delitos leves- su mismo destino.

El modus operandi de morenistas y verdecologistas quintanarroenses es el de la política escatológica y corrosiva cuyo hartazgo popular favoreció la causa presidencial de López Obrador. Su éxito y su persistencia significarían que dicha causa presidencial era de barro y que su naturaleza real era la misma de estos arribistas, vividores y parásitos de la vida pública estatal.

Bien harían los militantes éticos de la causa presidencial anticorrupción en poner en antecedentes a su líder máximo -si en realidad este vive engañado y desconoce el indecoroso acontecer de su partido en la entidad, asociado con el Verde- y en ayudarlo a salvar su proyecto anticorrupción enseñándole el cuadro de esas miserias locales, las que, enganchadas a la popularidad del entonces candidato presidencial alcanzaron al poder, y pretenden ahora, uncidas a la popularidad invicta del presidente, seguir en él.

SM

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