Mara y la perversión del Movimiento moral

Signos

En Quintana Roo, la herencia lópezobradorista ha sido más lesiva que benéfica, en lo que a las gestiones municipales se refiere.

No hay antecedentes de mayor arbitrariedad criminal, por ejemplo, y de esa medida de incompetencia, ni pese a gestiones de tanta impudicia e iletrada impericia como las últimas cuatro o cinco (entre verdes, priistas, perredistas y panistas) que han ensuciado el nombre y el Municipio cancunense de Benito Juárez, el de mayor rentabilidad fiscal entre los turísticos y uno de los más endeudados del país, como no podría ser de otra manera, ‘gobernado’ como ha sido por tanto vividor de la vida pública que ha llegado a ese poder gracias a las devastadoras malformaciones genéticas de un sistema democrático mexicano concebido por delincuentes para delincuentes, y donde la Justicia sigue siendo, con todas sus reformas de modernización para el efecto (el gatopardismo de todos los tiempos), otro y el mismo sistema de formalismos constitucionales y palabras huecas que completa el ciclo de la impunidad de esos delincuentes, y de casi todos los demás (que, comparados con ellos, son unos pobres diablos sin pecados qué perseguir).

La presidenta de este Ayuntamiento, del partido Morena, más allá de haber sido impuesta en el cargo sin ser nadie, como tantos de sus iguales montados en la popularidad del ahora presidente Andrés Manuel López Obrador, escogió como fuente esencial para hacer fortuna en ese cargo, la del monumental negocio de la basura, un segmento de la administración municipal tan lucrativo como sensible y fangoso, por cuanto la delicadeza biótica del ámbito caribe, que contrasta con su inmoderado y caótico poblamiento, impone un manejo de la cuestión de similares compromiso y envergadura, contrario en absoluto a las improvisaciones, los yerros y las codiciosas canalladas que la han tornado cada vez más crítica e insostenible, y de cuya espiral la munícipe no sólo no ha querido ponerse a salvo intentando soluciones alternativas, ambiental y socialmente viables, sino que se ha embarcado en ella sin más motivo que el de enriquecerse, aunque en ese propósito mercenario se haya embrollado entre los intereses de la mafia municipal de la que recibió el gobierno y con la que se asoció en el negocio, y la que quiso crear por cuenta propia -con un negocio y una empresa de la recoja de basura aparte, y un enclave familiar en ella- bajo el discurso fallido y cínico de resolver, el problema eterno de los desechos, liquidando el contrato con la mafia originaria, de la que cualquiera sabe ella fue integrante distinguida, y beneficiaria de una organización que lo único que ha hecho es contaminar el entorno, robar a los usuarios del servicio de limpieza, y erosionar los recursos fiscales de la Comuna.

Si bien la memoria mediática y de la opinión pública local es volátil y de corto plazo, los escándalos de la codicia y la impericia de la munícipe morenista han ido perfilando a cabalidad la naturaleza de su fatídico ‘liderazgo’. El de la suntuosa residencia, por ejemplo, que alega le fue ‘prestada’ por un generoso -y muy poderoso- grupo empresarial sin más interés que el de confinarse con su familia contra la pandemia y aun a sabiendas del delito que eso implicaba, es uno de ellos. Otro: el de su pasividad huidiza frente a la violencia de agitadores y policías en el curso de una manifestación feminista afuera de sus oficinas. Pero el de querer convertir la tragedia de la basura en una colosal mina de oro particular, ha sido el más condenable y fétido de todos, y sólo ese debiera pesar tanto como una losa panteonera en sus afanes reeleccionistas y, más allá, como un fardo sobrado de evidencias en un justo y ejemplarizante proceso penal.

Y así, tras ser exhibida primero su sociedad con Intelligencia México -concesionaria del servicio de limpieza y de la que es propietario el exalcalde Carlos Canabal-, ahora es acusada de ‘resolver’ el problema de la basura ‘creado’ por Intelligencia México (del cual se ha querido apartar y lavar las manos, cargando en sus exsocios todas las culpas del mal común), transfiriendo el contrato establecido con esta empresa, de la que tanto se sirvió, a Red Ambiental, un corporativo regiomontano en el que participaría como socio, se denuncia, uno de sus hijos.

¿Y, justo tenía que ser la industria de la basura la que le viniera entonces como anillo al dedo a la exlocutora de programas radiofónicos-basura, esa realidad y esa metáfora de la inmundicia pública que sepulta a Cancún en apenas medio siglo de una existencia presidida en su mayor parte por una ralea de ineptos y rufianes que han condenado a la ciudad -como otros lo han hecho con Puerto Morelos, Playa del Carmen y Tulum, paraísos ambientales perdidos- a la aglomeración, la precariedad, la insalubridad y la violencia?

Dice, al respecto, la nota de Estosdías que suscribimos y reproducimos acá:

“Se trata de uno de los ejemplos más vigorosos de cómo la popularidad del presidente López Obrador promueve, de manera colateral, el envilecimiento de Gobiernos asaltados por delincuentes y oportunistas afiliados a su causa, sin que nadie en la dirigencia partidista nacional y en el entorno presidencial se ocupe de impedir esos atropellos contra la ley, contra la ética pública y contra los derechos ciudadanos que tanto defiende el jefe del Ejecutivo Federal.

Se trata de una situación que se multiplica en todo México: Usurpadores y simuladores, con la bandera de la anticorrupción, alimentan su voracidad disponiendo de los bienes y recursos públicos a manos llenas. Y, en Quintana Roo, desde ese ejercicio de pérfida simulación, los gobernantes morenistas superan a sus peores antecesores de todos los partidos, y, como se ha dicho, en los Municipios turísticos de mayores ingresos fiscales del país, como los del Caribe mexicano, mantienen niveles de endeudamiento que sólo se explican en el saqueo y la incompetencia de los mandatos estatales y municipales, los que, para complementar los saldos de la ruina, apelan a reestructuraciones y nuevos empréstitos que les autoriza una banda pluralista de legisladores y regidores de similar catadura, comprados con los mismos dineros mal habidos.

En Cancún, fue el exsecretario general del Ayuntamiento, Isaac Janix, quien dio a conocer que la presidenta municipal aprovechó el reciente problema de la basura en su demarcación para otorgarle, de manera directa, la concesión de la recoja, a una empresa en la cual aparece como socio uno de sus hijos.

‘Lo peor, es que inflaron el precio a casi el doble de lo que se le pagaba a la anterior empresa, Intelligencia México S.A. de C.V. A ella se le daban 351 pesos, más IVA, por cada tonelada de basura. Pero a la nueva empresa, Red Ambiental, se le dan 750 pesos, más IVA’, dijo el exsecretario general y regidor de la Comuna.

Aunque se ha solicitado información al respecto, añade, la Presidencia Municipal ha negado cualquier dato.Curiosamente, este mismo año que el Ayuntamiento le otorgó el contrato de la recoja de basura por 600 millones de pesos a Red Ambiental, el hijo de la munícipe, Daniel Berrón Lezama, adquirió acciones de dicha empresa hasta convertirse en socio.

De modo que, a la indemnización millonaria por la suspensión de la licencia a Intelligencia México (el negocio privado con el que también se han enriquecido el exalcalde Carlos Canabal Peniche -dueño de la firma- y la actual alcaldesa…), Mara Lezama suma la transferencia del negocio anterior al de su familia, en contra de los intereses municipales.

¿Y el combate lópezobradorista contra la corrupción?, bien, gracias: la dirigencia nacional morenista y la Presidencia de la República prefieren mirar para otro lado, donde sólo priistas, panistas y asociados monopolizan los dividendos de la corrupción.

Pero de acuerdo con la página oficial de Red Ambiental, esta fue fundada en 1997 por Horacio Guerra Marroquín bajo el nombre de Red Recolector, en Monterrey; en 2006, obtuvo la primera concesión a largo plazo para el manejo de residuos municipales en San Nicolás de los Garza, Nuevo León; en 2008 cambió la razón social a Red Ambiental, de la que actualmente es director general y presidente del Consejo de Administración; a la fecha, la empresa opera la recoja de desechos sólidos en las ciudades de Campeche, León, Querétaro, Durango y Monterrey; y uno de sus principales socios, de acuerdo con la información dada a conocer por una investigación de El Universal, es nada más ni nada menos que Jorge Emilio González Martínez, alias El Niño Verde, dueño del Partido Verde, aliado del Morena, y uno de los mayores y más impunes depredadores políticos y económicos de México, de Quintana Roo y, sobre todo, de Cancún. Y ahora, cual socio de la familia que manda en el Ayuntamiento turístico más importante del país, seguirá haciéndolo al amparo del discurso republicano contra la corrupción, que él aplaude como socio político que es del partido presidencial”.

El grupo de Canabal, de alta influencia política y jurídica, está resistiendo el embate municipal con que lo ataca ahora la alcaldesa mediante el ariete de Red Ambiental, y se ha favorecido con una resolución preventiva de los tribunales. Seguiría, por tanto, haciéndose cargo de los desechos del Municipio, mientras no haya un fallo definitivo.

Lo cierto es que, gane la mafia originaria o su relevo, se tratará sólo de la victoria de una mafia. Y cualquiera de las dos, forja su industria de la cochambre envuelta en la bandera de la purificación moral del líder máximo de la nación y de su partido, el Movimiento de Regeneración Nacional.

Y he ahí la encrucijada: La fanática popularidad presidencial hará que muchas mafias de esas sigan gobernando en amplios territorios. Y que -de no parar ya mismo esa contradicción entre el programa fundamental del lópezobradorismo y la rapacidad de sus traidores y picapedreros- el combate a la corrupción seguirá adelante sin ser no más que una dogmática blasfemia o un manojo inasible de buenas intenciones.

SM

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