¿Haría justicia la extradición de criminales a México?

Signos

Con los niveles de impunidad casi total que identifican al sistema penal mexicano como uno de los más inservibles del mundo para hacer justicia y donde el hampa más poderosa encuentra el mayor estímulo para ejercer o para reincidir, pretender, desde el Gobierno de la República, la extradición de los mexicanos presos en Estados Unidos para ser juzgados en México por cargos de interés binacional, es intentar salvarlos, regresarlos a su reino de violencia, y seguir fomentando la inseguridad irredimible del país desde las instituciones responsables de combatirla.

El caso del general Salvador Cienfuegos es ejemplar; no porque el exsecretario de la Defensa sea culpable o no, sino por la ligereza y el formalismo del trámite con que se determinó su absoluta inocencia de los cargos por narcotráfico que le imputaba la DEA, y cuyo proceso de burla en México refiere el uso político que se sigue dando a la fiscalía federal y a los aparatos anticrimen de los sistemas de Seguridad y de Justicia.

De tantos y tan peligrosos delincuentes que hacen del país el territorio de saqueo y de sangre que es, la Fiscalía General de la República no consigna con éxito a uno solo, entre la masividad de tantos como debieran comparecer en los tribunales y acabar tras las rejas, y sólo se evidencia como el mal ejemplo que cunde en todos los ámbitos y estratos policiales, ministeriales y judiciales, de que la causa contra la inseguridad sigue siendo, más que de eficacia institucional contra la impunidad, un asunto de propaganda, de palabras y de política que, por supuesto, sólo la incrementan y sólo envilecen el ejercicio de la verdadera justicia.

Porque invocar la extradición de acusados y condenados desde el sistema penal más implacable del mundo a uno de los más inoperantes y corruptos, es como asegurar que la repatriación de los millones de mexicanos indocumentados puede realizarse en una justicia laboral y humana donde toda esa multitudinaria población de migrantes que ha huido del país perseguida por la necesidad e impulsada por la esperanza y la oportunidad de encontrar trabajo y una vida propia y familiar más justa en los Estados Unidos, puede hallar la salvación en México.

Tal es el tamaño y las diferencias entre un Estado y otro.

Insistamos: los nacionalismos patrioteros y palabreros hacen buenas campañas de soberanismo y proselitismo. Pero también en favor de la ilegalidad y del delito.

SM

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